Aprender con otros: la apuesta en común de las y los profesores PAP 

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A 20 años de los Proyectos de Aplicación Profesional del ITESO, cuatro docentes comparten su experiencia sobre qué significa participar en este modelo educativo que trasciende el aula.

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Foto de portada por Roberto Ornelas

Hay aprendizajes que no caben del todo en un salón de clases, sino que emergen cuando al caminar los territorios, escuchar a sus habitantes y permitir que, con toda su complejidad, la realidad también enseñe.  

Este es el sentido que, para cuatro docentes con una amplia trayectoria, adquieren los Proyectos de Aplicación Profesional (PAP) del ITESO. Una apuesta formativa en la que convergen el estudiantado con otros actores sociales como comunidades, organizaciones civiles e incluso instancias de gobierno para construir, en conjunto, respuestas a las necesidades del entorno.  

Sin embargo, más que intervenir en los territorios, se busca formar interlocutores con un alto compromiso social, capaces de comprender las particularidades de estos espacios. En ese cruce entre aprendizaje y realidad, cuyo fin es la búsqueda de un bien común, también se redefine el papel de quienes acompañan estos procesos: las y los profesores. 

Profesora Lourdes Centeno Partida.

Va de encontrarse con la comunidad 

Durante más de una década, Lourdes Centeno Partida ha sido parte del PAP “Atención a las infancias: construyendo identidades a través de la palabra”más conocido como Centro Polanco. Confiesa que para ella resultaría difícil volver a estar solamente en clases dentro de un salón: “El aprendizaje en escenarios reales me lleva a cuestionarme constantemente, a reconocer que cambian los saberes, las experiencias y expectativas del estudiantado. Puedo ver otras formas de relacionarse con sus compañeros que no ocurren en el aula, y la realidad también los empuja a resolver problemas inesperados”. 

Esta manera de entender la docencia como un proceso que se construye en contacto directo con otros actores sociales no es aislada. Para Carlos Mireles Prado, coordinador de los PAP de la línea de “Economía Solidaria y trabajo digno”, y desde hace seis años profesor del PAP “Fortalecimiento de instituciones de ahorro y crédito”, ese encuentro con la comunidad no es una etapa más del proyecto, sino un eje transversal. 

Profesor Carlos Mireles Prado.

Con base en la pedagogía ignaciana, desde una perspectiva integral que considera lo comunitario y lo colectivo, su trabajo se ha orientado a profesionalizar cooperativas de ahorro y crédito en Guadalajara y el sur de Jalisco. Sin embargo, advierte que en este proyecto: “no se trata de ayudar para generar dependencia, sino de acompañar los procesos hasta que las organizaciones puedan sostenerse por sí mismas”. Para él, esta distinción hace la diferencia: las comunidades se involucran y los saberes profesionales del estudiantado se convierten —junto con ellas— en soluciones concretas. 

Esa misma lógica atraviesa el trabajo de Gerardo Cano Díaz, quien desde el 2008 es profesor en el PAP “Haciendo barrio: construyamos junto con la gente”, proyecto que atiende problemáticas sociourbanas como la falta de vivienda digna y la carencia de infraestructuras para el acceso a agua potable, el drenaje sanitario y la energía eléctrica.  

El académico comparte que durante casi tres años trabajó con sus estudiantes en el Cerro del Cuatro, en Tlaquepaque, en un proceso de regularización de predios. En una primera etapa, informaron a la comunidad sobre su derecho a tener escrituras, pero luego el proyecto se transformó en una apuesta más profunda, centrada en la conformación de comités vecinales autónomos. En conjunto (estudiantes y comunidad) se logró medir alrededor de 500 predios de la colonia. “Fue muy significativo, el gobierno incluso retomó este modelo al constituirse como una iniciativa ciudadana que, en articulación con una red de centros comunitarios, hoy prevalece”. 

Además, destaca como especialmente significativa la experiencia de reconstrucción de viviendas en el poblado de San Mateo del Mar, en Oaxaca, un territorio marcado por condiciones de pobreza. A partir del diálogo de saberes entre formas tradicionales de construcción y sistemas constructivos modernos, fue posible generar soluciones pertinentes y contextualizadas.

Profesor Gerardo Cano Díaz.

Esta búsqueda de encuentro con la comunidad resuena en la experiencia de Andrea Fellner Grassman, académica del Centro Interdisciplinario para la Formación y la Vinculación Social (CIFOVIS), quien ha sido tanto directiva como profesora en los PAP. En sus palabras: “Los desafíos y retos que encontramos en las comunidades finalmente han enriquecido todos estos años el modelo PAP, y generan múltiples aprendizajes. Es importante acompañar a las y los estudiantes para que reconozcan que en muchas ocasiones aprendemos más de los actores con que trabajamos de lo que esperamos que van a aprender de nosotros”. 

El modelo PAP como proyecto docente y de vida 

Un momento significativo para quienes imparten docencia en los PAP ocurre cuando el trabajo en los territorios deja de ser una experiencia acotada a un semestre, y se convierte en un proyecto que deja huella en todos los actores que participan. 

Lourdes Centeno lo ve en niñas y niños que en el Centro Polanco parecían destinados a abandonar la escuela y comenzaron a confiar en sus capacidades para aprender y a relacionarse de manera diferente con sus compañeros. Pero en esta práctica docente —que, en sus palabras, le apasiona—, también ha sido testigo de la huella que dejan las y los estudiantes que acompañan a niñas, niños y adolescentes en situación de marginalidad y con rezago escolar.  

Conmovida, recuerda una anécdota que lo resume todo: “Recibimos la llamada de un joven que atendimos en Polanco cuando era un niño. Buscaba a una alumna que lo acompañó para decirle que gracias a ella logró entrar a la universidad. Fue la única que confió en él, y eso hizo la diferencia para que pudiera aprender”. 

Profesora Andrea Fellner Grassman.

Para Andrea Fellner, en cambio, compartir durante tantos años con las familias con que ha trabajado en el PAP “Proyectos estratégicos para artesanos en Tequila”, ha sido “un regalo de vida”, así como la posibilidad de acompañar, junto con sus estudiantes, el proceso mediante el cual estas comunidades redescubren su propio territorio.  

“En la Sierra Madre, una familia granjera propuso un proyecto que articulaba senderismo y cocina tradicional. La primera vez que recibieron a estudiantes para acampar y documentar el amanecer descubrieron que ese paisaje, cotidiano para ellos, podía ser valioso para otros y digno de compartir. En otro caso, una familia bordadora identificó plantas de tintes que siempre habían estado ahí, pero que hasta entonces se utilizaban únicamente con fines alimenticios o medicinales”, comparte la académica. 

La educación más profunda ocurre cuando nos volvemos parte de la realidad 

El modelo PAP no solo incide en la formación del estudiantado, también provoca procesos de aprendizaje en las familias y organizaciones que acompaña, así como en las y los docentes.  

El trabajo en escenarios reales deja de ser una experiencia más para convertirse en el eje central desde el cual entienden su práctica docente, donde cada proyecto transforma su manera de acompañar. Para Lourdes, Carlos, Gerardo y Andrea, estos procesos implican una mayor responsabilidad social y una complejidad creciente, en la que la experiencia situada complementa los aprendizajes que ocurren al interior de las aulas.  

A lo largo de este recorrido, su experiencia docente los ha llevado a redefinir su práctica, para compartir la importancia de escuchar y estar en contacto con otras personas y con el entorno como condiciones indispensables para alcanzar soluciones colectivas.