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¿Cómo le explico que no podemos salir a jugar porque hay código rojo? ¿Cómo le hablo sobre los narcobloqueos? Esto era lo que me preguntaba mientras cuidaba a mi sobrino de dos años el pasado domingo 22 de febrero, día en el que recordamos que, tanto en Jalisco como en otras partes del país, nos hemos acostumbrado a vivir con miedo por la cultura de la violencia, la delincuencia y el crimen organizado.
A estas preguntas se añadieron las que dieron origen a este texto: ¿cómo viven las infancias rodeadas de violencia e inseguridad? y ¿cómo podemos crear espacios en los que expresen su voz y voto para crear entornos de paz?
El desarrollo de las infancias en un país violento
La guerra contra el narcotráfico ha creado espacios de inseguridad en todo México, no solo para los adultos sino también para las infancias que crecen con limitaciones de espacios seguros y oportunidades. Este contexto de violencia se ha normalizado al grado de arrebatarles derechos básicos como la seguridad, la participación, el juego libre, la educación y crecer en un contexto de paz.
La academia y organizaciones civiles han puesto en el centro de sus agendas la seguridad y la formación de las infancias para fomentar una cultura de paz basada en el diálogo, el respeto y la escucha activa. Una de las preguntas más importantes que surge es: ¿cómo podemos fomentar seguridad cuando somos testigos de tantas problemáticas a nuestro alrededor?
Antes que nada, se debe reconocer que no todas las niñas, niños y adolescentes en el Estado se desarrollan de la misma manera. Como precisa la académica Claudia Arufe Flores, investigadora especializada en estudios sociales de la infancia y adolescencia del Departamento de Psicología, Educación y Salud del ITESO: “Mientras que algunos la idealizan como un periodo lleno de inocencia, sueños, juegos y memorias felices, para otros representa abusos, peligros, abandonos y recuerdos dolorosos”.
En 2021, la Red por los Derechos a la Infancia (REDIM) estimó que entre 145 mil y 250 mil niñas, niños y adolescentes en el país están en riesgo de ser reclutados o utilizados por grupos delictivos en México. Una cifra equivalente a llenar cuatro veces las butacas del Estadio Akron.
Este mismo artículo señala que esto está ligado a las condiciones socioeconómicas vulnerables, donde las infancias llegan a recurrir a actividades ilícitas buscando mejores condiciones de vida.
La violencia puede afectar la forma en que niñas y niños se relacionan con otras personas. Cuando están expuestos a la violencia —ya sea en persona o a través de pantallas— el estrés que se acumula puede afectar su bienestar emocional, su aprendizaje y la convivencia en casa.
Tener miedo constantemente, normalizar actos de peligro y violencia, e incluso presentar episodios de ansiedad al salir a la calle son algunos ejemplos de cómo se altera el comportamiento. Esto limita los derechos de las infancias y juventudes, pues restringe su desarrollo como agentes de participación con voz y voto para habitar las ciudades.
“Es difícil no vivir la violencia de una manera u otra, hemos pasado de un extremo al otro en donde la indiferencia nos atraviesa cada vez más y nos cuesta mucho confiar en aquellos que nos cruzamos por la calle», comenta María Fernanda Villaseñor, egresada de Psicología y coordinadora del área psicopedagógica en un colegio Montessori.
Agrega: “Ante este reto debemos generar mucha más amabilidad entre los niños y las niñas. Ayudarles a ser resolutivos, respetuosos, solidarios y, sobre todo, que entiendan que las cosas las vamos construyendo desde el amor y el respeto”.
Fernando Cabrera, representante de UNICEF en México, también menciona que el cuidado de la niñez es una responsabilidad compartida y que, para romper el ciclo de violencia, debemos construir entornos seguros: “Proteger a la niñez frente a la violencia empieza por nosotros: las personas adultas. Lo que toleramos, justificamos o normalizamos en la casa, en la calle y en nuestras comunidades moldea la manera en que niñas y niños aprenden a convivir”.
Brindar confianza y seguridad
El primer paso es aceptar que, para generar cambios en las dinámicas sociales, es imposible pensar en acciones aisladas ni individuales, sino que debe ser un proceso comunitario. La colectividad es esencial para la paz, pero: ¿cómo podemos acompañar a las infancias para que sean conscientes de lo que está pasando?
“Es importante ayudarles mediante los límites personales, además de estrategias de prevención ante conductas de riesgo”, explica Villaseñor y comparte ejemplos como “explicar la importancia de no hablar con extraños, del cuidado de las partes privadas, que “no” significa “no” y que, si me siento en riesgo, voy con quien sí sea de mi confianza”.
Arufe Flores, quien forma parte del Colectivo de Organizaciones e Instituciones por los Derechos de la Infancia en Jalisco (COIDIJ), también afirma que, para que se observen cambios en el contexto de las infancias, las propuestas no deben quedarse únicamente en el papel. “Tenemos que pasar este interés de cuidado y escucha del ámbito privado al público. Hay que reconocer que la agenda política se forma a partir de la agenda de lo público. Si nos involucramos y señalamos la urgencia de mejorar los espacios de las infancias desde sus perspectivas y condiciones, si les ayudamos a que ellas y ellos mismos desarrollen estrategias para fomentar el diálogo y nos deshacemos de este estilo adultocentrista, podremos reconocer que son sujetos de derechos”.
Estas declaraciones confirman que, si somos ejemplo de esperanza y resiliencia, las infancias a nuestro alrededor comenzarán a incorporar estas perspectivas y se convertirán en agentes de paz a través de la colectividad y la protección comunitaria.

Espacios para transformar
Instituciones y colectivos reconocen la importancia de reforzar entornos seguros para promover la participación infantil con el fin de mejorar su desarrollo. Como lo atestigua Arufe Flores, muchas organizaciones de la sociedad civil enfrentan distintos retos, entre ellos está el de incidir en la agenda pública, y obtener apoyos económicos que beneficien a niñas, niños y adolescentes vulnerables del país.
Un ejemplo de este tipo de iniciativas es el Centro Polanco, un escenario de acción social comunitaria que brinda servicios psicoeducativos a comunidades en situaciones de vulnerabilidad y el cual forma parte del Departamento de Psicología Educativa y Salud. Su objetivo es “incidir en la mejora de la calidad de vida de las personas, así como en la formación de estudiantes universitarios a través de diversos proyectos que articulan la formación con el ejercicio profesional”.

Por otro lado, los centros Colmenas también ejemplifican la importancia de las redes comunitarias para reforzar el tejido social y promover la acción colectiva. Uno de sus principales enfoques es brindar servicios de terapia psicológica y dinámicas, como grupos terapéuticos para mujeres, infantes o adolescentes, para fomentar la colaboración entre comunidades y combatir la violencia.
También está el caso de Mama A.C., quienes por más de 30 años han contribuido en el desarrollo de las niñas, niños y adolescentes en situación de vulnerabilidad al presentar un modelo de atención integral basado en procesos educativos, psicopedagógicos y nutricionales. Su intención es promover el bienestar de las infancias presentándoles proyectos de vida dignos, alejados de la violencia y la delincuencia, fomentando la igualdad de género, el acompañamiento, la cultura, la esperanza y la ética.
Futuros posibles
A pesar de que todavía no estoy segura de cuándo será el mejor momento para hablar con mi sobrino sobre esta crisis de violencia en el país, de algo estoy segura: la mejor manera para hablar sobre esto es colectivamente. Reconocernos como actores que tenemos la responsabilidad de ser puentes entre el presente y el futuro de nuestras niñas, niños y adolescentes. Un futuro esperanzador en el que sus oportunidades no sean limitadas por su origen, sino que sean perspectivas únicas para transformar la manera en la que transformamos nuestros entornos.
Para saber más
Hasta 250 mil niños, niñas y adolescentes en riesgo de ser reclutados o utilizados por grupos delictivos en México. REDIM, septiembre 2021. Recuperado de: https://derechosinfancia.org.mx/v1/hasta-250-mil-ninos-ninas-y-adolescentes-en-riesgo-de-ser-reclutados-o-utilizados-por-grupos-delictivos/
Día Mundial contra la Trata: ¿Qué es la trata de infantil? ONU, julio 2024. Recuperado de: https://news.un.org/es/story/2024/07/1531611
La infancia complejidades en el ejercicio de sus derechos humanos. Clavigero núm. 7. Edición febrero-abril 2018. Recuperado de: https://rei.iteso.mx/server/api/core/bitstreams/acd36927-3998-4baa-9952-6ad14812f4f2/content
Zapopan ampliará su apuesta por fortalecer el tejido social a través de las colmenas. Gobierno de Zapopan, julio 10, 2025. Recuperado de: https://www.zapopan.gob.mx/v3/noticias/zapopan-ampliara-su-apuesta-por-fortalecer-el-tejido-social-traves-de-las-colmenas
Mama A.C. Nosotros. Recuperado de: https://www.mama.org.mx/sitio-web/Nosotros.html




