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Por Cinthya Gómez Romero
Coordinadora de la Unidad de Transferencia de Tecnología de ITESO
¿Has escuchado la famosa frase que dice “lo que no se menciona, no existe”? Aunque se ha usado en muchos contextos en los últimos años, seguramente ni te imaginas que también es un principio clave en la investigación y el desarrollo de la ciencia. Cuando dedicamos tiempo a la investigación de algún proyecto, la divulgación y la comunicación de resultados no solo son prácticas habituales, sino muchas veces requisitos dentro de la academia.
Pero entonces surge una pregunta: ¿qué pasa con la divulgación científica cuando tenemos un proyecto que podría ser patentable?
La Ley Federal de Protección a la Propiedad Industrial (LFPPI) contempla un periodo de gracia de 12 meses para las divulgaciones realizadas por la persona inventora o por terceros que hayan obtenido la información de ella. Durante ese tiempo, esa divulgación no se considera parte del estado de la técnica al momento de evaluar la novedad de la invención.
Probablemente, después de leer esto, surjan más dudas que respuestas. Así que, como diría Hannibal Lecter: vamos por partes.
¿Qué es una patente?
Una patente es un derecho que otorga el Estado para proteger una invención, es decir, una solución nueva a un problema técnico. De acuerdo con la LFPPI, este derecho permite que quien desarrolló la invención decida quién puede usarla, fabricarla o comercializarla durante un periodo determinado (generalmente 20 años).
A cambio, la persona inventora debe explicar públicamente cómo funciona su desarrollo, de modo que ese conocimiento pueda aprovecharse para otras personas en el futuro. En pocas palabras, la patente protege la innovación, pero también fomenta la circulación del conocimiento.
¿Cuáles son los requisitos para obtener una patente?
Para que una invención pueda protegerse mediante una patente, la Ley Federal de Protección a la Propiedad Industrial establece tres requisitos principales:
- Novedad. La invención debe ser completamente nueva. Esto significa que no debe haberse hecho pública en ningún lugar del mundo antes de solicitar la patente (ni en internet, ni en artículos, ni en presentaciones).
- Actividad inventiva. No debe ser algo obvio. La invención tiene que representar un avance real; es decir, que una persona experta en el tema no pueda llegar fácilmente a esa solución.
- Aplicación industrial. Debe poder usarse en la práctica. La invención debe ser fabricable o utilizable en algún sector productivo, no solo quedarse como una idea teórica.
En resumen, para que algo sea patentable debe ser nuevo, no obvio y útil.
Aquí ocurre algo clave: si divulgas tu invención antes de tiempo, puedes perder el requisito de novedad y, con esto, la posibilidad de obtener la patente.
Entonces, ¿qué se considera una divulgación previa?
- Publicaciones académicas
- Presentaciones en congresos
- Pitch a inversionistas sin protección
- Publicaciones en redes sociales
- Conversaciones sin acuerdos de confidencialidad
Pero tranqui, a continuación te dejo algunos consejitos para que puedas dar a conocer tu proyecto de forma segura.
Consejo 1. No divulgar antes de presentar la solicitud
Puede parecer el más obvio, pero también es el más difícil. En muchos casos resulta imposible no generar ningún tipo de recurso académico a partir de una investigación o proyecto. Aunque esta opción es la que más me gusta a mí porque nos brinda mayor seguridad, no siempre es realista en contextos académicos.
Consejo 2. Controlar el nivel de detalle
Puedes comunicar el problema que resuelves, el impacto o la aplicación de tu proyecto, y sus beneficios generales. Sin embargo, evita comunicar el funcionamiento técnico en detalle: fórmulas, procesos, prototipos o cualquier elemento que forme parte central de la invención.
Consejo 3. Utilizar acuerdos de confidencialidad (NDA, por sus siglas en inglés: Non-Disclosure Agreement)
Esto es especialmente relevante cuando necesitas compartir información con terceros. Un acuerdo de confidencialidad debe especificar qué información se considera protegida y establecer límites claros sobre su uso y difusión. De esta forma, se genera una obligación legal de no divulgarla.
Consejo 4. Coordinar la comunicación con el área legal o de transferencia
En el ITESO contamos con la Unidad de Transferencia de Tecnología, donde podemos acompañarte a evaluar si lo que estás por difundir (o que ya realizaste) podría afectar la novedad de tu propuesta. Además, te ayudamos a identificar la figura de protección más adecuada para tu proyecto, ya que la patente no siempre es la mejor opción. También existen alternativas como los modelos de utilidad, los diseños industriales o secretos comerciales.
Por último, no olvides cuidar lo que publicas en redes sociales. Un error común es compartir imágenes de prototipos con detalles visibles, difundir avances en LinkedIn o publicar contenido con información técnica. Todo esto puede considerarse divulgación pública. Si quieres compartir algo, puedes optar por fotos de tu participación en congresos o eventos, pero sin incluir detalles técnicos de tu proyecto o investigación.
Comunicar una idea en desarrollo es parte esencial del ecosistema académico y de innovación. No obstante, cuando existe potencial de patentamiento, la comunicación debe gestionarse estratégicamente.
Más que limitar la difusión, se trata de comunicar con inteligencia.
Si tienes dudas, puedes contactar a la Unidad de Transferencia de Tecnología escribiendo a utc.conocimiento@iteso.mx o a mi correo personal: cinthya.gomez@iteso.mx. También puedes visitarnos en nuestras oficinas ubicadas en el Parque Tecnológico del ITESO.




