¿Dónde se busca la historia de los huracanes?

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Investigadores del ITESO, Oakland University y ECOSUR recorren lagunas en Nayarit y Jalisco para extraer sedimentos que revelan huellas de huracanes pasados y reconstruir 10 mil años de historia climática.

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Fotografía de portada por Hugo de Alba.

Desde niña, los huracanes formaron parte de mi vida en Cuba, un país que con frecuencia —de forma directa o indirecta— resulta afectado por estos eventos extremos. Cuando pienso en ellos, revivo escenas que quedaron grabadas en mi memoria.  

En casa, mi abuelo Cecilio aseguraba las ventanas con listones de madera, cruzados, reforzaba los cristales con cinta adhesiva, almacenaba agua potable e improvisaba lámparas con aceite y algodón para cuando faltara la electricidad. Se limpiaban las calles y los tragantes, se podaban los árboles y se fijaba con firmeza todo lo que podía desprenderse de los techos. No era necesario esperar a que en la televisión anunciaran las medidas para evitar pérdidas materiales y humanas.  

La lluvia aumentaba, el cielo se oscurecía y los árboles se balanceaban por la fuerza del viento. Llegaba el momento de cerrar la puerta y esperar, acompañados por el rugido del viento y el crujido de los árboles y estructuras que caían. Cuando todo terminaba, nos asomábamos a ver los daños causados.  

Hasta hace poco, creía que las huellas de los huracanes solo se veían en los paisajes devastados, en las pérdidas materiales y, lamentablemente, en las humanas. Sin embargo, hay otras huellas que permanecen y nos permiten comprenderlos: aquellas que nos preparan para los huracanes del futuro, cada vez más intensos debido al cambio climático. 

¿Dónde se buscan las huellas de los huracanes de hace miles de años? 

Las lagunas cuentan con una barrera natural, una especie de “boca de arena” que solo se rompe tras el impacto de marejadas provocadas por huracanes o tsunamis. Cuando esto ocurre, el oleaje arrastra material marino hacia la laguna y lo deposita en el sedimento —en el lodo— que deja un registro con el que podemos reconstruir su historia.

Hugo de Alba, David Vargas y David Rizo, investigadores del ITESO, junto con Thomas Bianchette (Oakland University) y Alejandro Aragón (ECOSUR), recorrieron distintos puntos de las costas de Nayarit y Jalisco como parte del proyecto de investigación EMBRACE-OCE-GROWTH. Su objetivo fue tomar muestras de sedimentos que permitan reconstruir 10 mil años de historia de huracanes en la región.

Extracción de sedimentos en la Reserva de la Biósfera Marismas Nacionales Nayarit. Foto de: Hugo de Alba.

¿Cómo se extraen los sedimentos? 

Para perforar y extraer los sedimentos se utiliza un vibrador de concreto que fue modificado por Russell Segovia, técnico encargado del Laboratorio de Ingeniería Ambiental y Tecnología Sustentables. El equipo consiste en un motor vibratorio acoplado a un tubo hueco de aluminio de varios metros de longitud. Su vibración de alta frecuencia permite introducir el tubo en los sedimentos sin alterar su estructura interna.  

Segovia adaptó el sistema mediante abrazaderas y acoples metálicos que transmiten eficientemente la vibración del motor al tubo, lo que facilita su penetración y la recuperación de los núcleos sedimentarios.   

Una vez introducido el vibrador, se aplica presión. Si la laguna es arenosa, la penetración se dificulta; si es más arcillosa, se vuelve más sencilla. Para extraerlo, se coloca un tapón de vacío —como si se cerrara una botella sin dejar entrar aire— y luego se jala desde las abrazaderas utilizando un tripié. De esta manera, al retirar el tubo, el material del interior no se desliza. Es decir, la muestra se “sella” en el sitio, se extrae, y permanece intacta, tal como estaba bajo tierra, lista para después analizarla en el laboratorio.

¿Qué se busca en los sedimentos? 

Al extraer los núcleos de sedimento, se buscan tres tipos de señales: 

  • Biológicas: restos de organismos marinos, conchas y polen. 
  • Físicas: capas de arena proveniente de la costa. 
  • Químicas: presencia de elementos como titanio, carbonato o calcio, que permiten distinguir si el material tiene origen marino o continental.
Foto de: Hugo de Alba.

La distancia a la que aparece el material y la forma del depósito también aportan información. Mientras mayor es la magnitud del huracán —o tsunami—, más lejos logra transportar los sedimentos marinos hacia el interior de la laguna; sin embargo, su influencia disminuye con la distancia y los materiales se hacen más delgados. 

Por eso se toman muestras tanto de la playa como del río, para comparar si ocurrió una inundación que de repente llenó el área o si, por el contrario, la arcilla se formó lentamente con depósitos ordenados y horizontales. Si en cambio, los sedimentos se ven caóticos, con fragmentos grandes de conchas, esto indica que el movimiento no fue lento y rodando, sino intempestivo, producto de un huracán o un maremoto.  

Encontrar sedimentos de arena a unos cuatro metros de profundidad sugiere que hace aproximadamente 5 mil años esa zona fue impactada por un huracán. Pero encontrar solo depósitos de arcilla también aporta un dato relevante: indica la ausencia de huracanes o eventos extremos en ese periodo.  

El análisis del polen atrapado en los sedimentos también es fundamental para reconstruir las condiciones ambientales del pasado, ya que ofrece una visión panorámica del entorno ecológico de la época. Por ejemplo, una alta concentración de polen de pino indica que el clima en ese periodo era más frío, mientras que la presencia predominante de polen de manglar sugiere un ambiente más cálido y con mayor salinidad. Asimismo, la presencia de una capa delgada con altos niveles de titanio, silicio y cloro, pero con baja cantidad de materia orgánica atrapada entre sedimentos ricos en materia orgánica y con pocos minerales, es un indicio de un evento abrupto como un huracán o un tsunami.  

Además, los manglares son zonas clave para el muestreo porque actúan como barreras naturales que amortiguan el impacto de huracanes y tsunamis, y por eso son sitios de interés para la toma de muestras. 

Equipo de investigación de izquierda a derecha: David Rizo, Meenu Das, Hugo de Alba, David Vargas, Thomas Bianchette y Antonio Aragón. Foto de: Roberto Ornelas.

Los desafíos que deben sortear  

Obtener muestras en las lagunas no es tarea sencilla. La planeación del equipo de investigación inició antes del trabajo de campo, con reuniones semanales, gestiones logísticas y solicitudes de permiso para acceder a lagunas costeras ubicadas dentro de áreas naturales protegidas y sitios de relevancia internacional. 

Para llegar a los puntos de muestreo, los investigadores deben recorrer hasta dos horas y media entre un punto y otro. Aunque llevan ubicados los sitios de interés, el conocimiento local es clave para la realización de su trabajo. En entrevista para Entre Saberes, recuerdan: “Ya teníamos identificado un sitio idóneo para muestrear, pero el guía local nos explicó que cuando se seca esa laguna la utilizan como mina de sal, sacan todo el sedimento y al revolverlo ya no sirve nada”. 

La profundidad del agua también es un desafío. Cuando el nivel llega casi a la altura de los hombros es complicado mantenerse de pie y tomar muestras. A esto se le suma que las lagunas son el hábitat natural de cocodrilos. Ante esta problemática, el académico David Vargas diseñó una balsa especial en el Laboratorio de Ingeniería Ambiental del ITESO. La estructura, con abertura en el centro, cumple una doble función: permite muestrear aun cuando el nivel del agua es alto y, al mismo tiempo, sirve como plataforma de seguridad ante la presencia de cocodrilos, incluso en zonas de poca profundidad. 

Los tubos utilizados para extraer las muestras son de aluminio —por su ligereza— y pueden alcanzar hasta seis metros de longitud. Sin embargo, una vez llenos de sedimentos pueden volverse muy pesados y difíciles de transportar para su análisis hasta los laboratorios de la Universidad de Oakland. Para facilitar su manejo, los investigadores los cortan en segmentos de medio metro y los dividen a la mitad para facilitar su traslado. El etiquetado de cada sección es una parte clave del proceso ya que garantiza que ninguna muestra se extravíe y que los datos obtenidos sean precisos y confiables al momento de interpretar los resultados.

Los investigadores abren las muestras de sedimento para revisar sus estratos. Una sección se conservará en el ITESO y la otra se analizará en Oakland University. Fotógrafo: Roberto Ornelas.

Los siguientes pasos: análisis de los sedimentos y el compromiso con la comunidad local 

Meenu Das, estudiante doctoral de Oakland, procesará las muestras y analizará los resultados como parte de su investigación de tesis. Esta etapa es decisiva. Al examinar los datos se pueden detectar incosistencias o vacíos que indiquen la necesidad de regresar al campo para tomar nuevas muestras.

Una vez concluido el análisis, el equipo de investigadores compartirá los resultados con la comunidad académica y con los habitantes de las zonas costeras de Nayarit y Jalisco, con el fin de contribuir al estudio científico de los huracanes y fortalecer los planes de prevención. En palabras de David Rizo y Hugo de Alba: “Conocer un huracán que ocurrió hace miles de años permite entender el funcionamiento de estos sistemas, su magnitud y prepararnos para lo que puede ocurrir. Tenemos un compromiso con la comunidad local, buscamos devolverle información útil que le permita conocer más su territorio y tomar decisiones antes el impacto de estos fenómenos, cuya probabilidad de retorno puede ser en los próximos 50 años».