Hacer ciencia juntas: innovación que transforma residuos en textiles

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Hojas de jitomate y hongos se convierten, a través de la ciencia, en un textil sustentable. Cinco estudiantes lideran este proyecto de innovación biotecnológica que transforma residuos agrícolas en soluciones con impacto ambiental, social y económico.

Foto: Roberto Ornelas · Diseño: Pamela Gutiérrez

Cada ocho meses, cuando los invernaderos de jitomate se preparan para una nueva siembra, toneladas de hojas y tallos quedan atrás. Se trata de residuos agrícolas que, en la mayoría de los casos, terminan en la composta o en la basura, generando costos económicos y afectaciones ambientales. Sin embargo, para cinco jóvenes universitarias, ese “desecho” motivó el desarrollo de un proyecto científico, social y tecnológico que hoy busca transformar la industria textil desde sus raíces.

En el marco del Día Internacional de la Mujer y la Niña en la Ciencia, Trash to Treasure representa un ejemplo de cómo la innovación impulsada por mujeres puede articular la biotecnología, la sustentabilidad y la justicia social. En términos prácticos, el proyecto se propone convertir hojas y tallos de jitomate en un biomaterial similar al cuero, biodegradable y funcional, mediante procesos biotecnológicos.

Esta iniciativa comenzó a tomar forma en noviembre de 2024, durante el concurso RetODS, organizado por el Centro Universidad Empresa, y desde entonces se ha consolidado como un esfuerzo de carácter multidisciplinario. El equipo está integrado por Azul Sumano Alvarado, estudiante de Ingeniería en Biotecnología; Pamela Vargas Palencia, de Ingeniería Ambiental; Keyla Cardona Guerrero, de Ingeniería en Negocios de la UdeG; Hannya Cecilia Ramírez Muñoz, estudiante de Ciencias de la Comunicación; y Ana Valeria Iñiguez Preciado, de Comercio y Negocios Globales.

Cada estudiante aporta desde un frente distinto —desarrollo científico, investigación ambiental, estrategia y vinculación, comunicación y mercadotecnia, así como la generación de alianzas y la presentación del proyecto— una combinación de saberes que ha sido fundamental para el crecimiento de Trash to Treasure: “Que vengamos de carreras diferentes ha sido clave. Algunas somos más técnicas, otras más estratégicas o comunicativas, y eso hace que el proyecto avance de manera integral”, explica Pamela.

Ciencia que nace de una problemática real

Jalisco se ubica entre los cinco principales productores de jitomate a nivel nacional, con una producción superior a las 194 mil toneladas anuales. A su vez, es un importante exportador, ya que alrededor del 90% de su producción se destina a Estados Unidos y Canadá, de acuerdo con datos de la Secretaría de Agricultura y Desarrollo Rural del estado.

Este liderazgo agrícola, sin embargo, tiene una cara menos visible: los residuos que se generan después de cada ciclo de cultivo. Las estudiantes explican que en algunas empresas agrícolas se llegan a invertir cientos de miles de pesos al año únicamente en el manejo y disposición final de estos desechos.

Al mismo tiempo, la industria de la moda es uno de los principales agentes de la crisis ambiental actual: el fast fashion —o moda rápida— es responsable de una parte significativa de la contaminación global. De acuerdo con el programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente, cada año se desechan más de 92 millones de toneladas de prendas en el mundo, de las cuales se estima que el 87% de los materiales utilizados termina en vertederos o incineradoras, lo que incrementa las emisiones globales de carbono.

En este contexto, los materiales sostenibles y biodegradables siguen siendo escasos, lo que dificulta la transición hacia una economía verdaderamente circular. Fue precisamente en este cruce de problemáticas donde nació Trash to Treasure.

El proceso científico: ¿cómo se convierte una hoja en un biomaterial?

La idea original del equipo consistía en aprovechar la fibrosidad de la hoja de jitomate para crear un hilo textil. Sin embargo, al comenzar las pruebas se dieron cuenta de que la fibra resultaba insuficiente para lograrlo. Lejos de abandonar el proyecto, decidieron replantearlo desde una perspectiva científica.

Hoy, Trash to Treasure trabaja con la fermentación sólida, una técnica en la que microorganismos (como bacterias, levaduras u hongos) crecen sobre un sustrato sólido con humedad limitada. Es decir, no “flotan” en un líquido, como sí ocurre en las fermentaciones tradicionales como las del vino, la cerveza o el yogur, sino que se desarrollan directamente sobre una superficie sólida.

A través de este proceso, materiales que habitualmente se consideran desechos (como los residuos agroindustriales) pueden transformarse en productos de valor, entre ellos, enzimas, alimentos como el tempeh o el koji, e incluso biocombustibles. Además, se trata de una técnica más sustentable, pues requiere menos agua y energía, al tiempo que agrega valor a los subproductos agrícolas. En el caso de Trash to Treasure, el sustrato es la planta del jitomate (hojas y tallos) y el microorganismo empleado es el hongo pleurotus ostreatus.

Hongo del cazahuate (Pleurotus ostreatus). Fotografía: Tod Robbins (inaturalist.org)

Con el acompañamiento de profesores como Óscar Rojas, coordinador de la carrera de Ingeniería en Biotecnología, y Cristóbal Camarena, docente del mismo programa, las estudiantes lograron obtener un biomaterial similar al cuero.

“El hongo se alimenta del sustrato vegetal y durante ese proceso degrada la planta y forma una estructura uniforme que da lugar a un biomaterial parecido al cuero”, explica Azul Sumano. El resultado es un textil biodegradable que podría utilizarse en la fabricación de bolsas, chamarras o pantalones, sin recurrir a piel animal ni a derivados del petróleo.

Actualmente, el proyecto se encuentra en la etapa de desarrollo de prototipo a escala de laboratorio. En esta fase, el equipo ya logró que el hongo creciera exitosamente sobre las hojas de jitomate, y esto ayudará a validar la viabilidad científica de la propuesta.

Retos más allá del laboratorio

Trabajar con residuos agrícolas no está exento de desafíos. La recolección, el transporte y la conservación del material requieren cuidados específicos para evitar la descomposición prematura o la aparición de plagas: “Es un residuo que viene del suelo, con humedad y tierra, hay que limpiarlo, secarlo y mantenerlo en condiciones adecuadas para que funcione en el proceso”, explica Pamela.

A estos retos técnicos se suman los desafíos asociados al modelo de negocio. Aunque el biomaterial resulta más económico que el cuero animal, su costo todavía es superior al de los materiales sintéticos comúnmente utilizados en la industria del fast fashion. Por ello, el equipo explora distintas rutas para asegurar la viabilidad del proyecto: desde colaboraciones con artesanos locales hasta la creación de productos con alto valor agregado y trazabilidad, capaces de narrar la historia del material.

Uno de los ejes centrales de Trash to Treasure es su enfoque colaborativo. A futuro, el proyecto busca integrar a agricultores locales como parte activa de la cadena productiva, ofreciendo una alternativa económica para un residuo que hoy representa un problema.

Más allá de su impacto ambiental, esta iniciativa pone en el centro el liderazgo femenino en la ciencia y la tecnología. Para las integrantes del equipo, emprender desde la investigación científica ha sido también un acto de afirmación personal y colectiva.

Pamela, desde el ámbito de la ingeniería, lo describe como una forma de romper inercias históricas: “Durante mucho tiempo las ingenierías estuvieron dominadas por hombres. Hoy estamos aquí para decir que sí estamos, que participamos y que queremos generar cambios”.

El camino recorrido ya ha rendido frutos. Tras obtener el segundo lugar en el concurso RetODS, el equipo ganó el primer lugar nacional en Enactus México, en la categoría Next Gen Leaders. También ha participado en convocatorias como Start Global, en Suiza, y actualmente espera los resultados de Quiero + Mi Comunidad, organizada por Grupo San Carlos, enfocada en proyectos con impacto social y ambiental.

El siguiente paso es conseguir capital inicial para continuar la investigación, escalar el prototipo y avanzar hacia una versión funcional del biomaterial. “Si no llega por una convocatoria, lo buscaremos por otros medios. La idea es seguir”, afirma Pamela.

Inspirar desde la experiencia

En el Día Internacional de la Mujer y la Niña en la Ciencia, Trash to Treasure nos recuerda que la innovación no surge solo de grandes laboratorios o empresas consolidadas, sino también de equipos jóvenes, diversos y comprometidos. Proyectos como este demuestran que la ciencia puede dialogar con el territorio, la moda, la economía y la justicia social, y que las mujeres no solo participan en ese diálogo, sino que lo lideran.

“Creer en ti, ser constante y no tener miedo a intentarlo”, resume el equipo cuando se les preguntó qué mensaje darían a niñas y mujeres interesadas en la ciencia. Un mensaje que, como su biomaterial, nace de lo que otros desechan y se transforma en posibilidad.