Diseño de portada por Pamela Gutiérrez
Texto por Claudia A. Díaz Payano
Profesora del Instituto Especializado de Estudios Superiores Loyola
Una madre y su hija estaban discutiendo en el lobby del área de admisiones de nuestra universidad.
—No quiero estudiar esa carrera —le decía la hija, frustrada.
—Pero es la carrera que tiene beca disponible y no tenemos dinero para pagar otra —respondió la madre, enojada.
Yo sabía exactamente a qué se referían en su conversación, porque en ese tiempo trabajaba como coordinadora de la carrera de Ingeniería en Redes y Telecomunicaciones. Esta era la única carrera que ofrecía becas a jóvenes como forma de incentivar la incorporación de mujeres en el área.
Este suceso me llevó a preguntarme si este proyecto estaba realmente bien dirigido y articulado para atraer y motivar a las jóvenes a estudiar carreras relacionadas con STEM. Con el tiempo llegó el veredicto: de las 25 jóvenes que ingresaron becadas gracias a esta iniciativa, solo dos terminaron la carrera de manera exitosa. Al indagar qué las había motivado a mantenerse, ambas coincidieron en que habrían estudiado una carrera STEM aun sin la existencia de la beca, porque se trataba de una decisión basada en su interés y pasión personal.
Actualmente, estamos en una misión para motivar a más mujeres a estudiar carreras STEM, porque estas carreras tienden a ser de las más estables en el mercado laboral, ofrecen mejores beneficios económicos y cuentan con una amplia variedad de salidas profesionales (U.S. Bureau of Labor Statistics, 2025). Ante este panorama resulta razonable establecer una relación directa entre mejorar la calidad de vida de las mujeres y el acceso a carreras formales en STEM, entendidas como uno de los caminos más seguros hacia el éxito profesional.
Pensando en cómo darle la vuelta a esta realidad y adaptarla a los diferentes intereses de las jóvenes, me reuní con un grupo de niñas de entre 8 y 14 años para hablarles sobre las carreras STEM y las posibilidades que ofrecen. Sin embargo, esta vez mi enfoque fue completamente distinto. Cambié el mensaje inicial y comencé con preguntas como: “¿Qué disfrutas hacer?” y “¿qué asignatura te gusta en la escuela?”. Mi intención era partir de su propia experiencia y, desde ahí, mostrarles las múltiples formas en que el campo STEM puede conectarse con sus intereses. La conversación fue maravillosa, es conmovedor escuchar los sueños que muchas niñas y jóvenes tienen para su futuro y aquello que disfrutan hacer.
Con todos sus sueños sobre la mesa, comencé a mostrarles cómo las disciplinas STEM podrían ayudarles a alcanzarlas. Una de ellas deseaba ser médica, así que le hablé de una amiga neurocirujana que opera a pacientes con cáncer y párkinson mediante el uso de robots, una práctica que requiere conocimientos de programación e inteligencia artificial. Otra mencionó que le gustaba la estética y la peluquería; la animé entonces a explorar aplicaciones digitales que permiten diseñar uñas y peinados. A la niña que disfrutaba de la cocina y la repostería le expliqué cómo podría dar a conocer sus creaciones a través de redes sociales y utilizar herramientas digitales para mejorar sus recetas.
Podemos convencer y acompañar a mujeres a estudiar carreras STEM, pero la realidad es que muchas otras quedan fuera de este camino, y ellas también necesitan oportunidades para progresar y alcanzar el éxito laboral. Por esta razón, enfoqué la conversación en la importancia de la formación en las tecnologías de la información y la comunicación (TIC): la ciberseguridad para proteger su integridad digital y prevenir estafas virtuales; el uso de la inteligencia artificial para optimizar tareas diarias, así como un manejo adecuado de herramientas de ofimática y redes sociales. Estas son habilidades que todos deberíamos desarrollar, pero, como lo muestra un estudio realizado en la República Dominicana en 2024, en comparación con los hombres, las mujeres se encuentran rezagadas en el uso de la tecnología para mejorar su vida profesional.
Finalmente, la reunión con las niñas terminó de manera muy amena. Estaban felices, se mostraron animadas a aprender más sobre las carreras STEM. Tengo la convicción de que alguna de ellas será una futura colega en ingeniería. Pero lo más importante es que todas se fueron con el deseo de descubrir cómo las TIC pueden ayudarles a lograr sus sueños presentes y futuros de una manera segura. Esa es la sociedad que imagino: una en la que podamos fortalecer y poner al servicio de los demás nuestras capacidades, saberes y vocaciones y talentos con la ayuda de las TIC.
Sobre la autora
Claudia A. Díaz Payano es ingeniera en Electrónica y Comunicaciones por la universidad INTEC de Santo Domingo. Cuenta con un Máster en Tecnología de la Información y Comunicaciones de la Universidad de Alcalá de España. Se especializa en comunicaciones móviles e inalámbricas y es docente del área de Electrónica y Comunicaciones del Instituto Especializado de Estudios Superiores Loyola en la provincia de San Cristóbal, República Dominicana.





