La reflexión ética: el triunfo de la duda sobre la certeza

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Desde su propuesta formativa, el Departamento de Formación Humana nos invita a la reflexión crítica y sensible frente a la realidad.

Una característica del ITESO es la búsqueda y el trabajo permanente en su apuesta, en donde el hacer diario y la reflexión crítica sobre este hacer son elementos sustanciales. En 2017, desde el Departamento de Formación Humana (DFH) se hizo la pregunta «¿qué es lo que hacemos cuando se coloca como objeto de estudio la dimensión moral de la vida humana y la formación que esta procura impulsar en los estudiantes?». La materia prima para acercarse a esta pregunta fue una recuperación y reflexión de la práctica de muchos años de las y los profesores del departamento, y su posterior fundamentación teórica. Bernardo García y Gerardo Moya, director y profesor del DFH, respectivamente, nos comparten que «lo que sucede aquí no es educación moral, sino una propuesta reflexiva sobre la vida. Los profesores no moralizan. Lo que procuran es un modo de pensar de los estudiantes que sea crítico», afirman. 

El ejercicio de recuperar estos modos de fomentar el desarrollo y enriquecimiento de un procedimiento para la reflexión ética no tiene intención de uniformar, sino de identificar las diversas maneras, ponerles orden y construir una propuesta metodológica, práctica, procedimental, y también sustentada teóricamente, para abordar el cuestionamiento ético frente a la realidad del día a día. 

El producto de este proceso vio la luz en 2019 y se concretó en el documento Propuesta Formativa del DFH, que ha sido un instrumento de trabajo, reflexión y discusión continuo entre profesoras y profesores. Un documento que, escrito para la labor de formar, la trasciende y nos invita a pensar en estas metodologías o procedimientos desde donde hacemos juicios frente a dilemas morales que nos presenta la realidad.

Ambos profesores explican que lo que hay en esa propuesta es una búsqueda de precisar los componentes fundamentales de la reflexión ética, de aquello que no debe faltar. Es decir, una toma de postura frente a la realidad y un ejercicio de revisión crítica del posicionamiento personal, desde el que se haga una consideración reflexiva del por qué me coloco así (examinando dónde estoy) y se contraste con las posturas de otras y otros. 

En un proceso de formación para la reflexión ética —distinción clave frente a una formación moralizante— no es importante la respuesta que se dé, sino la reflexión de cómo se llega a esa postura, así como su revisión crítica. El proceso reflexivo es un proceso de discernimiento.

Dentro de la práctica, tanto personal como profesional, no existe una neutralidad moral, pues nos enfrentamos a dilemas, conflictos y situaciones incómodas, molestas y reales que demandan un posicionamiento moral abierto y adaptativo en donde el conocimiento teórico no basta. Es importante reconocer que comprendernos como humanos, incluye una dimensión de carácter ético y esta conlleva siempre un cuestionamiento.

¿Por qué importa más la duda que la certeza, la crítica más que la formación?

Bernardo nos lo dice muy bien con sus propias palabras: «hay una especie de triunfo de la duda sobre la certeza, una propuesta que valora más el proceso de duda y cuestionamiento, que de certeza definitiva». En la educación es común que se privilegie más la certeza que la duda. Sin embargo, esta es una propuesta que «celebra la crisis o el cuestionamiento vital o cotidiano. Si yo me siento muy firme desde mis convicciones, mi posicionamiento ante la realidad, la propuesta es invitar a cuestionar esto, al contrario de la formación más tradicional, que nos dicta qué y cómo. El punto sería invitar a no tener la certeza».

¿Has observado cómo te posicionas frente a dilemas morales? ¿Conoces tu propio proceso? ¿Qué preguntas te haces? ¿Desde dónde viene esa forma de ver el mundo? ¿Qué implica para ti, para las otras y otros, para la sociedad? ¿Cómo lo hacen los estudiantes en tus cursos? ¿Cómo los acompañas en este proceso?

En su propuesta formativa el DFH desarrolla cuatro componentes básicos de la reflexión ética:1

  1. Clarificación de la postura moral. Es la aprobación o desaprobación frente al tema, situación, argumento, persona o grupo de personas, institución, etc. que nos ocupa.
  2. Justificación de la postura moral. Implica dar cuenta de dicha postura, explicar por qué, en qué o cómo es que se sostiene. Lo anterior se hace mediante creencias, motivos y razones, en apoyo de lo que se aprueba o desaprueba. Ello permite reconocer, de manera más profunda, en qué tipo de andamiaje se sostienen nuestras posturas morales.
  3. Revisión crítica de la postura moral. Ocurre cuando nuestra postura moral y su justificación se cuestiona al ser contrastada con la de otros, así como con otras teorías, datos o experiencias, dándose un descentramiento de nuestra propia perspectiva. 
  4. Incorporación de información teórica o empírica.Cuando el contenido de un saber formal o especializado (teórico o práctico), relacionados con un objeto o campo de estudio particular, se incorpora a la revisión crítica de la postura moral, brindando mayores elementos de discernimiento.

Nota al pie:
1 Una síntesis de los componentes básicos puede revisarse en el documento de casos «Dilemas morales para favorecer la reflexión ética universitaria«, que se invita a conocer, junto con otros que están en la Biblioteca de Materiales del Departamento de Formación Humana.