Fotografías por Roberto Ornelas
Cada 11 de febrero, el Día Internacional de la Mujer y la Niña en la Ciencia abre un espacio para reconocer las contribuciones de las mujeres en la ciencia, la tecnología y la innovación, pero también para mirar de frente los obstáculos que aún limitan su participación plena y equitativa. Además de los laboratorios, la divulgación científica es otro de los territorios que se ha construido gracias al trabajo de numerosas mujeres comprometidas con acercar el conocimiento a la sociedad.
Aleida Rueda es periodista y comunicadora de la ciencia, especializada en temas de salud y medio ambiente. Como cofundadora y expresidenta de la Red Mexicana de Periodistas de Ciencia, y comunicadora en el Centro de Ciencias de la Complejidad de la UNAM, ha dedicado más de dos décadas a contar la ciencia a través de historias que dialogan con la vida cotidiana.
En esta entrevista para Entre Saberes, Aleida nos recuerda el valor de la comunidad y de una comunicación de la ciencia puesta al servicio de las personas.
Tu acercamiento a la ciencia fue desde el periodismo, ¿qué encontraste en él para contar historias?
Mi acercamiento a la ciencia tiene que ver con una etapa muy temprana de mi vida. Mi madre es bióloga y trabaja en la Universidad Autónoma Chapingo, donde se dedica a temas relacionados con insectos y agricultura. Desde la preparatoria yo tenía una inclinación muy clara por la lectura y la escritura; de hecho, quería ser escritora. En ese momento tomé un curso de periodismo y empecé a trabajar temas agrícolas: desde cómo funciona un invernadero hasta el uso de fertilizantes.
Creo que ahí enganché la idea de que el conocimiento podía estar al servicio de las personas y que el periodismo era una forma de contar historias científicas no solo desde la investigación, sino conectándolas con la manera en que la gente vive, se alimenta o toma decisiones.
En varios textos de tu autoría has dicho que “no hay cosa más estimulante que contar historias de ciencia”. ¿Qué mantiene viva esa emoción?
En cada historia de ciencia descubres algo nuevo. Alguna vez escuché decir que el periodismo es un ejercicio detectivesco, y el periodismo de ciencia lo es aún más. Su lógica se parece mucho a la de la propia ciencia: partes de una pregunta y tu trabajo es ir explorando la evidencia científica para responderla y conectar esa información con la realidad social.
Hay un esfuerzo muy particular por llegar a ese momento “eureka”, en el que de pronto entiendes algo. Muchas veces se trata de cosas complejas o sofisticadas: desde qué es la materia oscura hasta cómo se disemina un virus o cómo se contagia una enfermedad. Es un ejercicio de aprendizaje permanente.
En algunas ocasiones has mencionado que la presencia de mujeres puede influir en los temas que se investigan. ¿Por qué la perspectiva de género también es una cuestión importante?
No podemos ser ingenuos y pensar que la ciencia dictada o dominada durante siglos por hombres se vuelve automáticamente inclusiva. Existen áreas de investigación —como el embarazo, la menstruación, el orgasmo femenino o enfermedades que afectan especialmente a las mujeres— que históricamente no han sido investigadas con la profundidad científica necesaria.
Cuando contamos estas historias, no sólo hablamos de investigaciones existentes, sino también de las preguntas que siguen abiertas y de la necesidad de que se investiguen. Para que eso ocurra, me parece fundamental que haya mujeres científicas. Claro que también puede haber hombres interesados en estos temas, pero es mucho más natural que las mujeres formulen preguntas de investigación a partir de experiencias que ellas mismas viven o han visto en sus madres, abuelas o hijas.
La ciencia se enriquece cuando es más diversa, transparente, genuina e integral. Necesitamos una ciencia inclusiva, donde participen mujeres, hombres, la comunidad LGBTQ+, pero también un periodismo que represente esas realidades y las coloque en el centro.
¿Qué retos enfrentan las mujeres en el periodismo científico?
Así como en la ciencia, a las mujeres les cuesta más llegar a puestos de decisión, en el periodismo también existen desigualdades. Esto influye en la forma en que hacemos nuestro trabajo y hace que no siempre sea sencillo alzar la voz.
Sin embargo, creo que esto está cambiando. Cada vez más mujeres periodistas se atreven a preguntar, interrumpir o cuestionar con mayor seguridad. A mí, en lo personal, me tomó muchos años ganar esa confianza. Por eso creo que quienes ya tenemos cierta trayectoria, nos toca contagiar esa seguridad a las nuevas generaciones de mujeres periodistas.

Como cofundadora, expresidenta e integrante de la REDMPC: ¿qué significa construir comunidad entre periodistas de México y América Latina?
Creo profundamente en la comunidad. Existe la idea de que la ciencia es un área light del periodismo, pero quienes trabajamos en ella enfrentamos los mismos problemas: precariedad laboral, bajos salarios, explotación y, en muchos casos, afectaciones a la salud mental. Trabajar en comunidad permite acompañarnos, organizarnos y luchar colectivamente por mejores condiciones laborales, especialmente para periodistas freelance.
La Red me ha enseñado que ganamos más en conjunto que en solitario: ganamos reconocimiento, oportunidades de trabajo, prestigio y capacidad de incidencia. Siempre decimos a quienes se integran que mientras más le das a la red, más te retribuye.
¿Cómo dialoga el proyecto Pan Pal Susto podcast con tu manera de pensar la comunicación de la ciencia y qué te ha permitido explorar este formato?
Ha sido una revelación. Durante muchos años puse el foco casi exclusivamente en el dato, la evidencia, los conceptos científicos. Con este proyecto decidimos hacer una “trenza”: tejer la experiencia humana con la información científica.
Hablamos de los contextos de las personas, quién las cuida, cuánto cuesta enfrentar una enfermedad, pero también explicamos la ciencia detrás de cada condición: cómo se diagnostica, qué se sabe, y qué falta investigar. Son historias con las que la gente se identifica y que, al mismo tiempo, aportan información útil para la toma de decisiones en salud.
Constantemente impartes talleres y conferencias en universidades, ¿qué inquietudes ves en las nuevas generaciones?
Hay pocos jóvenes que llegan pensando en el periodismo de ciencia como una opción. Cuando se los cuento, muchos se sorprenden, dicen: “¡Wow! ¿Esto existe? ¿Me puedo dedicar a esto?”
El desafío es la formación: en México y América Latina hay muy pocas asignaturas, carreras o especializaciones en periodismo y comunicación de la ciencia. Ahí hay una gran oportunidad para las universidades y para las redes profesionales.
También veo un gran interés por las redes sociales y las plataformas digitales, algo que considero positivo. No demonizo estas herramientas; al contrario, creo que pueden fortalecer el ecosistema mediático si se usan para compartir información de valor, basada en evidencia científica. Hay un enorme potencial en las nuevas generaciones, sobre todo porque son muy conscientes de las crisis que enfrentamos (climática, hídrica, política) y quieren hacer algo al respecto. Nuestro reto es acompañarlos a trazar rutas profesionales para una sociedad mejor informada.
¿Tuviste o tienes alguna mujer como referente en el ámbito de la ciencia?
En el periodismo de ciencia hay muy pocas mujeres, sobre todo en México. Puedo mencionar referentes en otros países —como Luisa Massarani en Brasil o Lizbeth Fogg en Colombia— y colegas valiosas en distintas regiones, pero la verdad es que se trata de una profesión relativamente nueva para las mujeres.
En el caso de la ciencia, mi referente más claro ha sido mi mamá. Ella es bióloga, entomóloga, profesora universitaria y trabaja con estudiantes. Ha sido una maestra no sólo en el sentido académico, sino en la forma de entender el mundo: cómo relacionarse con la naturaleza, cómo mantenerse atenta a las necesidades y preocupaciones de las personas y cómo responder desde la humildad, el cariño y la empatía.
Mi mamá ayuda a todo el mundo, es profundamente generosa, y creo que ahí hay una enseñanza fundamental. Si tengo que hablar de un referente, hablo de ella desde muchos lugares: desde la ciencia, por su formación como bióloga; desde lo humano, por su manera de estar con los demás; y desde la comunicación, por ese talento natural para conectar con la gente y poner el conocimiento al servicio de las personas.
¿Qué idea te gustaría que se llevara la niña o mujer que lea este perfil?
Decirle a una niña que puede ser lo que quiera puede sonar a cliché, pero sigue siendo necesario. Sin embargo, no basta con los buenos deseos. Si impulsamos a las niñas a estudiar ciencia, también debemos responsabilizarnos del sistema que van a enfrentar: uno que muchas veces las desvaloriza, las acosa o las obliga a elegir entre su carrera y su vida personal. Por un lado, quiero decirles que sueñen y trabajen por lo que desean; por otro, ir más allá del discurso implica que hay que construir condiciones laborales, académicas y sociales que permitan que las niñas no solo sueñen con ser científicas, sino que realmente lo sean y puedan vivir de ello.
Aleida deja claro que contar historias de ciencia con rigor, sensibilidad y perspectiva crítica se vuelve una forma de incidir en la realidad. Pensar en las niñas y jóvenes que hoy se integran a la ciencia implica una corresponsabilidad desde las instituciones y la sociedad para generar condiciones más justas, seguras y dignas. Porque solo así, como recuerda Rueda, las vocaciones científicas no se quedarán en el deseo, sino que podrán convertirse en trayectorias posibles, sostenibles y transformadoras.
Para saber más
Aleida Rueda es narradora y guionista del podcast Pan Pal Susto, junto con los periodistas Carlos Antonio Sánchez y Maricarmen Climent. Este proyecto narrativo, sobre historias de salud, recibió en 2025 el Premio Nacional de Periodismo en Salud. Además, colabora de manera independiente con la plataforma internacional SciDev.Net.





