La construcción de paz comienza cuando aprendemos a escuchar

Escuchar, acompañar y confiar en la capacidad de los estudiantes para resolver conflictos fueron algunas de las lecciones compartidas durante la visita de Kathy Bickmore al ITESO.

Getting your Trinity Audio player ready…

Por Fabiola Méndez  
Estudiante de la Maestría en Educación y Convivencia 

A finales de abril, la Maestría en Educación y Convivencia llevó a cabo un encuentro de tres días con la doctora Kathy Bickmore, académica canadiense experta en educación ciudadana, paz y conflictos en las escuelas. 

Fueron tres días junto a una mujer que escucha y que construye conocimiento a partir de observaciones honestas, sencillas y acompañadas de una presencia serena. Es imposible convivir con la doctora Kathy Bickmore sin contagiarse de su sencillez y de su tremenda esperanza en la educación.    

Taller: Pedagogías constructivas de conflictos para la construcción de la paz 

La tarde del segundo día estuvo dedicada al taller coordinado por Kathy en torno a las prácticas educativas orientadas a construir una convivencia pacífica desde el conflicto. Lo primero que hizo fue visibilizar a cada uno de los participantes: nos cedió el micrófono y nos invitó a compartir algo de nosotros mismos. Primera lección: quien coordina el proceso no tiene por qué ocupar el centro de la experiencia; el aprendizaje se construye entre todos. Todos construimos desde nuestra presencia, nos nombramos y nos identificamos para, después, conocer el objetivo del trabajo y la manera en la que ella propone lograrlo, entre todos.  

Conflicto y mediación 

En su conferencia inaugural, Kathy se centró en la importancia del conflicto. Por eso, en este segundo día, inició el taller con una definición de la mediación y con la presentación de técnicas educativas orientadas a su construcción. La ruta que compartió se desarrolla en seis momentos:

En el primero consiste en una introducción a la resolución del conflicto, que da paso a la escucha del consentimiento entre las partes y las reglas básicas de la mediación. El segundo es la expresión de las perspectivas a partir de la escucha de las distintas historias, lo que favorece una mayor comprensión entre los participantes involucrados en el conflicto. Más adelante se abre un espacio creativo en el que los participantes comparten, mediante una lluvia de ideas, posibles alternativas para su resolución después de evaluar la situación, resumir los puntos centrales y explorar distintas opciones de solución. El proceso concluye con la formulación y firma de un acuerdo entre las partes. 

Profesores asistentes al taller «Pedagogías constructivas de conflictos para la construcción de la paz». Fotos: Roberto Ornelas.

Kathy nos compartió varias historias que ella misma vivió con alumnos de todos los niveles educativos, las cuales hacían posible imaginar, identificar y relacionar nuestras historias con las suyas. Esto nos llevó a reconocer lo similares que pueden ser los espacios educativos y los conflictos que en ellos surgen, independientemente de las diferencias entre las personas o de los contextos temporales en que ocurren.

La exposición se llevó a cabo entre comentarios, emociones e ideas expresadas por los participantes, acompañadas por las observaciones de Kathy, quien señalaba elementos centrales del trabajo formativo y compartía los aprendizajes derivados de su propia experiencia

El papel del mediador: “No tengas miedo de dejar que lo arreglen por sí mismos” 

El diálogo, la contención, la resolución y la transformación del conflicto en contextos educativos orientados a la construcción de la paz requieren de mediadores, como Kathy, quien no tiene ningún problema en reconocerse como parte del todo, en ser compasiva y generosa con quienes están a nuestro cuidado, sabiéndose aprendiz junto con los demás. Con las historias que compartió nos dimos cuenta de la importancia que tiene la presencia de verdaderos mediadores, también reconocimos cómo son las prácticas que llevamos a nuestras aulas, tan llenas de aciertos como de errores. 

Cuando un maestro identifica un conflicto entre sus alumnos, suele acercarse e intervenir. Con frecuencia separa a los principales involucrados del resto del grupo y asume el papel de experto que, desde su experiencia, sin duda valiosa, escucha, atiende y dicta la solución. De este modo, resulta ser el único que se percibe como poseedor de conocimiento y el protagonista del proceso, lo que deja fuera de la experiencia de resolución a quienes viven directamente el conflicto. Este protagonismo revela que, por lo general, solo nos fijamos en los protagonistas de la disputa. Pero, ¿en qué momento somos conscientes que nuestro rol como maestros es observado por muchos más ojos, escuchado por muchos más oídos y experimentado por muchas más emociones: las de todos los que conforman el grupo y el entorno educativo?

Kathy Bickmore es profesora en el Instituto de Estudios en Educación de Ontario. Fotos: Roberto Ornelas.

¿Cuántas veces, sin importar la edad o el contexto de nuestros estudiantes, asumimos el papel de superhéroes frente a situaciones difíciles, sin darnos cuenta de que les estamos quitando la oportunidad de vivirse como aprendices, como personas capaces de resolver sus propios conflictos? 

Cada vez que separamos a las personas involucradas del resto del grupo, modelamos un proceso de resolución ajeno al contexto en el que surge el conflicto. Les enseñamos que solo los maestros, los directivos o los padres pueden resolver estas situaciones; mientras que el grupo y el entorno educativo permanecen al margen del proceso, sin posibilidades de proponer soluciones, de acoger a quienes han resultado lastimados o de aprender de aquellos que de alguna manera lograron resolver sus diferencias.    

El despojo del poder  

Necesitamos, en el centro de los procesos de construcción de paz, a adultos que entiendan que mediar los conflictos es una oportunidad para empoderar a los niños y a los estudiantes. La única manera de aprender a ser mediadores es siendo mediadores, acompañados por adultos que modelan con compasión, escuchan, se despojan de su protagonismo y aprenden desde la mirada y la sensibilidad de sus estudiantes.

“Tener hambre es como tenazas, es como muerden los cangrejos, quema, quema y no tiene fuego: el hambre es un incendio frío. Sentémonos pronto a comer con todos los que no han comido. Pongamos los largos manteles, la sal en los lagos del mundo, panaderías planetarias, mesas con fresas en la nieve, y un plato como la luna en donde todos almorcemos” (fragmento de “El gran mantel” de Pablo Neruda, elegido por Kathy para cerrar el taller). 

Profesores asistentes al taller «Pedagogías constructivas de conflictos para la construcción de la paz». Fotos: Roberto Ornelas.

Desde su presencia serena, su mirada atenta, su voz tranquila y pausada, y su enorme capacidad de escucha, Kathy comparte su experiencia educativa en cada momento en el que tienes la oportunidad de convivir con ella. Generalmente, imaginar un encuentro con una persona tan reconocida y experimentada en el ámbito educativo, podría generar grandes expectativas y situarnos en una posición única de espectador. Sin embargo, lo primero que hace Kathy es guardar silencio, observar. Solo después, y luego de seguir el orden de la sesión, comparte su sentipensar.   

Es entonces cuando comienza el verdadero aprendizaje. Poco a poco, se vuelve inevitable relacionar su actitud con la propia práctica docente y preguntarse hasta qué punto incorporamos en nuestro trabajo cotidiano esas habilidades formativas que median los conflictos y contribuyen a la construcción de entornos educativos de paz. Habilidades que ella encarna de manera constante, desde el inicio de su participación hasta el final de cada encuentro.