Clavigero: 10 años de historias, saberes y comunidad

Avatar de Michelle Raible Quiñones

De ser un suplemento del periódico a convertirse en una publicación de divulgación del ITESO, recorremos una década de transformaciones de Clavigero y su apuesta que se mantiene por acercar el conocimiento.

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Hay publicaciones que nacen para informar y otras para explicar. Desde hace una década, Clavigero, comunidades de saberes busca hacer ambas cosas agregando una particularidad: poner el conocimiento en diálogo con quienes viven las problemáticas que aborda en sus páginas.

Esta publicación trimestral del ITESO ha buscado acercar las ciencias sociales y las humanidades a públicos más amplio al sumar las voces de activistas, periodistas, organizaciones de la sociedad civil y comunidades. Desde su inicio y 10 años después, su propósito ha sido poner el conocimiento al servicio de todos.

Para contar esta historia hay que regresar al principio, cuando Clavigero todavía no era Clavigero.

El origen de Clavius

El antecedente de la publicación fue Clavius, un suplemento de divulgación científica y social que surgió de la colaboración entre académicos del entonces Centro de Investigación y Formación Social (CIFS) del ITESO y el periódico La Jornada Jalisco.

Susana Herrera, una de sus fundadoras, recuerda que la iniciativa comenzó alrededor de 2010 y que durante algunos años funcionó como un suplemento del periódico. La intención era comunicar el conocimiento que se generaba desde la universidad bajo una perspectiva distinta para acercarlo a la sociedad.

Cuando La Jornada Jalisco dejó de publicarse en 2015, el suplemento Clavius también llegó a su fin. Sin embargo, el equipo consideró importante conservar un proyecto que ya había comenzado a generar vínculos con comunidades académicas y grupos sociales: “Nos pareció muy importante mantenerlo porque veníamos en crecimiento respecto a nuestros objetivos”, recuerda Susana.

Suplemento Clavius en La Jornada Jalisco.

Comenzó entonces una etapa de transición. El equipo tuvo que replantear el proyecto editorial, dialogar con las autoridades universitarias y adaptar la publicación a los lineamientos institucionales del ITESO, por lo cual también fue necesario cambiar el nombre.

La elección del nombre Clavigero respondió a su vínculo cercano con la identidad jesuita. Para sus fundadores, Francisco Xavier Clavijero es una figura simbólica de la Compañía de Jesús y para la filosofía ignaciana que sustenta a las instituciones educativas jesuitas.

A ese nombre se sumó una segunda idea como apellido: comunidades de saberes. La expresión resume la intención de reunir conocimientos provenientes de distintos lugares y perspectivas para ponerlos en diálogo.

El proceso de institucionalización implicó retos. Uno de ellos fue marcar una periodicidad y ordenar los procesos editoriales. Con el tiempo, aquel proyecto nacido junto a un periódico se convirtió en una publicación propia del ITESO con una periodicidad trimestral y un tiraje inicial de 2,500 ejemplares impresos.

Su presentación oficial se hizo en la biblioteca del ITESO el 4 de octubre de 2016 con una primera edición sobre Agua y Territorio. La coordinadora del primer número fue Susana Herrera junto con Sergio René de Dios, entonces académicos del Departamento de Estudios Socioculturales.

Poner la problemática en el centro

Clavigero propone una forma distinta de hacer divulgación científica: en lugar de partir de un descubrimiento o conocimiento científico, parte de una problemática social. Cada número tiene un tema central que funciona como hilo conductor y del que se desprenden distintos contenidos y formatos para abordarlo desde diversas perspectivas. A partir de la problemática, el suplemento combina datos, análisis y las voces de quienes viven esas realidades, utilizando el conocimiento académico como una herramienta para su comprensión y aportar elementos para su transformación.

Susana explica que, antes de su creación, ya existían publicaciones de divulgación enfocadas en las ciencias naturales y exactas. Desde su experiencia como investigadora en comunicación pública de la ciencia, identificó un espacio menos explorado: comunicar las ciencias sociales y las humanidades desde los problemas que afectan a la sociedad: “Lo importante ha sido crear comunidad con muchos tipos de saberes diferentes”, señala.

Esto no significa excluir a las ciencias naturales. A lo largo de los números también han participado especialistas de disciplinas como biología, física, química y ciencias ambientales. La intención es reunir distintas disciplinas y saberes alrededor de una misma pregunta.

Actualmente, el comité científico identifica temas de coyuntura, proyectos de investigación y problemáticas sociales que pueden convertirse en el eje de cada edición. Para Paola Aldrete, coordinadora del comité científico, el primer paso es preguntarse cuál es el problema que se quiere colocar al centro: “Cuando lideras un número de Clavigero es muy importante pensar cuál es el problema central”, menciona.

A partir de ahí se buscan distintas miradas para comprenderlo. Pero el diagnóstico no es el punto final. Cada número procura incluir también una “voz esperanzadora”: una persona, colectivo u organización que esté haciendo algo frente a la problemática. La intención es mostrar posibles rutas y alternativas, además de explicar la complejidad de los problemas sociales.

Una publicación para la comunidad

Para Catalina González Cosío, editora del suplemento, esa intención adquiere sentido cuando los contenidos dejan las instalaciones universitarias y llegan a quienes viven directamente las problemáticas.

Uno de los ejemplos que recuerda es un número sobre migración y las personas retornadas de Estados Unidos. Además de abordar el fenómeno, la publicación incluía información sobre trámites, derechos y lugares a los que podían acudir quienes atravesaban procesos de retorno. El objetivo era que el contenido funcionara como una herramienta. “Lo que se está brindando es un servicio a la comunidad”, afirma Catalina.

Algo similar ocurrió con publicaciones dedicadas al agua y a problemas de contaminación que afectan a comunidades de la región. La editora recuerda haber visto ejemplares guardados y consultados posteriormente por personas que los utilizaban para discutir los temas abordados.

En ese sentido, la utilidad de Clavigero no termina cuando el número sale de la universidad. Su apuesta está en que sus contenidos sigan circulando, sean consultados y sirvan como punto de partida para quienes buscan entender qué ocurre a su alrededor y qué pueden hacer frente a ello.

El trabajo detrás de cada número

Para que un ejemplar llegue a las manos de un lector existe un proceso que muchas veces pasa inadvertido.

El trabajo detrás de cada número comienza con el comité científico conformado por diversos departamentos del ITESO, el cual propone temas y busca vincularlos con proyectos que ya se desarrollan en la universidad y en territorio. Después se designa a una persona coordinadora de la edición, quien propone autores, entrevistas y contenidos. Esto es posible gracias a la colaboración de la Oficina de Publicaciones del ITESO quienes brindan asesorías desde su expertiz.

A partir de ahí comienza el trabajo editorial: contactar a colaboradores, recibir sus textos, revisar, editar, seleccionar fotografías o ilustraciones, desarrollar la infografía, diseñar, corregir e imprimir. La labor de Catalina consiste en buena medida en coordinar estas etapas: “Sí es un arduo trabajo y sí implica tiempo”, reconoce.

Uno de los elementos que se ha convertido en un elemento identitario de la publicación es la infografía. Susana recuerda que originalmente se planteó como una pieza ubicada en el centro del número que ayudará a comprender el sentido general de los contenidos.

Con el tiempo, evolucionó hasta convertirse en una síntesis visual de cada edición. Mapas, ilustraciones, esquemas y distintas formas de representación permiten acercarse al problema desde el lenguaje gráfico.

Para la coordinadora del comité científico, la infografía incluso puede ayudar a comprender de un vistazo aquello que se desarrolla a lo largo de todo el número.

Infografía «Un solo lago, muchas identidades» de la edición 41: Lago de Chapala: territorio biocultural 

Aprender a divulgar

Participar en Clavigero también ha significado para los académicos aprender a comunicar de otra manera, ya que sus textos se alejan del formato tradicional de los artículos académicos. Son breves, accesibles y están pensados para llegar a lectores que quizá no cuentan con conocimientos especializados.

Para Paola, decir algo importante en pocas palabras puede ser incluso más complejo que escribir extensamente. El reto, explica la coordinadora, «está en traducir el conocimiento a un lenguaje accesible sin perder el rigor que lo sustenta».

A esta labor se han sumado también estudiantes de licenciatura y posgrado. Susana cuenta que su incorporación ocurrió de manera natural: académicos que trabajaban con tesistas, estudiantes de PAP o proyectos de investigación comenzaron a invitar a sus estudiantes a colaborar. Con el tiempo, esa participación se convirtió en una práctica constante de la publicación.

Paola Aldrete, Susana Herrera y Catalina González Cosío.

Una publicación en evolución

Después de 10 años, Clavigero no es el mismo proyecto que inició.

Susana considera que el modelo se ha ido afinando. Los primeros números tenían una orientación más activista y una preocupación muy marcada por la responsabilidad social. Con el tiempo, algunos contenidos se han acercado a asuntos más técnicos o específicos, aunque la publicación mantiene la intención de vincular el conocimiento con problemáticas sociales.

Por su parte, Catalina recuerda que en los primeros años predominaban las fotografías, muchas de ellas en blanco y negro. Posteriormente comenzaron a experimentar con collages, ilustraciones y portadas creadas específicamente para cada número.

Para ella, la edición 31 “La vida al centro: mujeres y territorio” publicado en febrero de 2024, representó un parteaguas en esa evolución visual y editorial, además de abrir mayor espacio a estudiantes y organizaciones de la sociedad civil. La propia composición del equipo también ha cambiado. Actualmente, buena parte de quienes participan en el proceso son mujeres.

El papel frente a la pantalla

En una época en la que gran parte de la información se consume digitalmente, Clavigero ha mantenido su edición impresa.

Para su editora, la decisión responde a una cuestión de acceso. Hay comunidades donde la conectividad o incluso la electricidad son limitadas y donde un ejemplar físico puede guardarse, compartirse y consultarse posteriormente. “Siempre se pensó primero en una cuestión impresa porque: ¿cómo se lleva a las comunidades que no tienen internet?”, reflexiona.

La publicación también cuenta con una versión digital que permite ampliar su alcance y conocer mejor a sus lectores. A través de su página web clavigero.iteso.mx, el equipo puede observar qué contenidos se consultan, cuánto tiempo permanecen los usuarios en ellos y desde qué lugares acceden.

La pandemia aceleró ese proceso. Antes de 2020, se imprimían hasta mil ejemplares de algunos números. Posteriormente, la cantidad regular se redujo a 500 y se fortaleció la presencia digital. La apuesta por el papel permanece. Algunos números sobre migración, agua y movilidad incluso han requerido reimpresiones debido a su demanda.

10 años después

Sostener una publicación impresa durante una década implica recursos y trabajo, sin embargo, el proyecto representa algo más que un gasto editorial. La idea coincide con la esencia que tuvo desde los primeros años: poner el conocimiento al servicio de la sociedad y, particularmente, de quienes viven esas problemáticas.

A lo largo de su historia, Clavigero ha transformado su nombre, sus integrantes, el diseño y sus formas de circulación. Ha pasado de ser un suplemento de un periódico a convertirse en una publicación institucional con presencia impresa y digital.

Para sus coordinadoras, uno de los mayores cambios ha sido que la propia comunidad académica ha comenzado a reconocer con mayor claridad el valor de comunicar el conocimiento a públicos distintos y diversos. Quizá por eso, después de una década, la historia de Clavigero no se encuentra únicamente en sus páginas. También está en los investigadores que aprendieron a escribir para otros públicos, en los estudiantes que encontraron un espacio para compartir sus proyectos, en las organizaciones que aportaron sus saberes y en las comunidades que utilizaron sus contenidos como herramientas.

Una publicación que comenzó como un suplemento y que tuvo que reinventarse para permanecer terminó construyendo su propia identidad basada en una idea sencilla, pero poderosa: que el conocimiento tiene mayor sentido cuando circula, se encuentra con otros saberes y se pone al servicio de quienes buscan comprender y transformar su realidad.

Consulta todas las ediciones de Clavigero aquí.

Integrantes del comité científico y editorial

Catalina González Cosío Diez de Sollano / Editora
Ana Paola Aldrete González / Departamento de Economía, Administración y Mercadología
Rebeca Acevez Muñóz / Centro Interdisciplinario para la Formación y Vinculación Social
José de Jesús Guridi Colorado / Departamento de Estudios Socioculturales
Mónica Solórzano Gil / Departamento del Hábitat y Desarrollo Urbano
Marinés de la Peña Domene / Centro Interdisciplinario para la Formación y Vinculación Social
Cristina Ulloa Espinosa / Departamento de Formación Humana
Tania Carina Zohn Muldoon / Departamento de Psicología, Educación y Salud
Beatriz Díaz Corona / Diagramación
Oficina de Publicaciones
Coordinación de Divulgación y Difusión Académica