Construcción con tierra: una experiencia formativa que conecta el patrimonio y los saberes comunitarios

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Estudiantes del ITESO aprenden arquitectura de tierra, una iniciativa que dialoga con saberes comunitarios y apuesta por el desarrollo sostenible desde la práctica.

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Fotografías de Roberto Ornelas

En el Laboratorio de Prácticas de la Cátedra UNESCO Arquitectura de Tierra, Culturas Constructivas y Desarrollo Sostenible del ITESO, un grupo de estudiantes se sienta en círculo y cierra los ojos. Una caja con tierras de distintos colores pasa de mano en mano, exploran su textura y la humedad. Para algunas personas la tierra está tibia y suave, para otras rugosa, y hay quien dice que le recuerda a la playa. Es su primera aproximación a la construcción con tierra, en un laboratorio abierto, rodeado de adobes y estructuras en proceso, en el Campo Sur de la universidad. 

Sentir la tierra antes de empezar a construir 

En entrevista para Entre Saberes: ciencia que conecta, Ana Rosa Olivera Bonilla, académica del Departamento del Hábitat y Desarrollo Urbano, y coordinadora de la cátedra, explica que su objetivo principal es preservar el patrimonio mundial construido con tierra que representa el 20% del patrimonio edificado en el mundo. Junto con sus colegas Francisco Álvarez Partida y Ulises Vázquez Martínez, subraya que este ejercicio de sensibilización es fundamental para transformar la manera en que las y los estudiantes se relacionan con la tierra. Muchas veces persiste la idea de que construir con este material es sinónimo de atraso y de suciedad, pero una vez que la sienten, la mezclan con agua, amasan el lodo con sus pies y obtienen su primer Bloque de Tierra Compactada esa percepción cambia: la tierra se convierte en posibilidad de realizar proyectos a escala real. 

¿Cómo se hace un Bloque de Tierra Compactada? 

Las y los estudiantes trabajan con una prensa manual para hacer Bloques de Tierra Compactada (BTC). La prensa opera a partir de un principio fundamental: comprimir la tierra para aumentar su resistencia estructural. Para ello, en un primer momento se coloca la tierra para construir el adobe. Luego, se ejerce fuerza mediante una palanca grande para que se compacte la tierra por arriba y por abajo, haciendo que el bloque gane solidez. Por último, se libera la pieza ya prensada y se coloca a secar para estibarla, y obtener un bloque con un buen acabado que aparenta ser de cemento, pero es tierra.  

A su vez, se provechan recursos como la fibra de agave, el papel del secado de manos de los baños del ITESO, y retazos textiles provenientes de la industria de la moda que se incorporan a la mezcla para fabricar los bloques de tierra. Al combinar la tierra con agua, y añadir estas fibras, la estructura del bloque mejora aumentando de manera significativa su resistencia. 

De esta manera, desde la cátedra se apuesta por el desarrollo tecnológico a través de la creación de materiales sustentables. Un eje transversal del trabajo que implica preguntarse cómo se utilizan los materiales, cómo se sigue construyendo y, sobre todo, cómo se recuperan saberes comunitarios y se colocan en diálogo con la innovación, de modo que puedan adaptarse, fortalecerse y seguir creciendo. 

La práctica como puente entre saberes comunitarios y conocimiento horizontal 

Los académicos comparten que antes de consolidarse la cátedra hubo iniciativas de estudiantes y profesorado de la Escuela de Arquitectura del ITESO, como la creación del Programa Formal de Vinculación de Tecnología Alternativa, que impulsaban la construcción con tierra en comunidades indígenas de la Sierra de Manantlán, y la Sierra Wixárika. Destacan que más allá del trabajo técnico realizado, de esas experiencias surgió un voluntariado de profesores y estudiantes que hasta hoy siguen construyendo con tierra. Asimismo, que el trabajo práctico es un elemento clave para afinar y reforzar el proceso de aprendizaje. 

Francisco Álvarez y Ulises Vázquez explican que, en el ejercicio práctico y colaborativo que realiza el estudiantado en el Laboratorio de Prácticas —donde se construye a escala real— no solo han levantado adobes y cúpulas que después se replican en las comunidades. También comienzan a notar detalles que antes pasaban desapercibidos, como la cantidad de agua que se necesita para que la tierra se compacte adecuadamente y el bloque alcance la resistencia esperada.  

Además, esta experiencia les ha permitido participar en procesos de acompañamiento en comunidades afectadas por sismos, como es el caso de Jojutla, en Morelos. Desde ese conocimiento práctico han podido identificar que algunos sistemas constructivos mezclados, como por ejemplo adobe con acero o con concreto, no son funcionales en estos entornos, y es necesario recurrir a otras técnicas tradicionales como el bajareque por su flexibilidad. Los académicos señalan que durante un sismo un bajareque podría agrietarse o desprenderse parte de su recubrimiento, pero gracias a esa misma flexibilidad resiste la fuerza del temblor y no colapsa. 

No obstante, Álvarez insiste en la importancia de cuidar los detalles para que estas estructuras perduren: “necesitan colocarse sobre cimientos que las aíslen de la humedad del suelo o de las trapeadas cotidianas. Aleros amplios —como un buen sombrero— evitan que el agua de la lluvia escurra directamente sobre las paredes”. 

A este proceso de aprendizaje en la práctica se suma, de manera más reciente, el trabajo con la Maleta Pedagógica ELEMenterre, una iniciativa de la UNESCO que aporta herramientas para analizar las propiedades físicas de los recursos naturales, experimentando cómo responden los materiales y fortaleciendo su conocimiento sobre la construcción de proyectos con enfoque sustentable.  

Además de la articulación con proyectos de investigación a nivel de posgrado, la cátedra mantiene un trabajo activo en las comunidades de San Juan de Abajo, Cumbres de Huicicila y el Arenal, específicamente en colaboración con el Proyecto de Aplicación Profesional del ITESO: Taller, Comunidad, Tierra y Origen. Olivera Bonilla destaca que después del trabajo práctico que desarrollan en el laboratorio y de dominar las bases de la construcción con tierra, las y los estudiantes acuden a estas comunidades para impartir talleres y acompañar la realización de los proyectos que diseñaron en conjunto.  

En ese intercambio, el equipo de académicos identifica que surgen tres fortalezas principales. El estudiantado gana seguridad al poner en práctica técnicas que ya domina, surge el voluntariado de estudiantes que regresa a las comunidades para seguir aprendiendo, y las comunidades fortalecen su capacidad de construir con sus propios materiales, y con los conocimientos que ya tienen. 

“Cuando se preparan tortillas y tamales, el amasar, mezclar y dar forma con las manos forman parte de la vida cotidiana. Son conocimientos que ya se tienen ahí y hacen que la construcción no se sienta ajena, solo cambian los materiales”, comparte Olivera. 

Intercambio de saberes sobre construcción con tierra en América Latina 

El próximo 25, 26 y 27 de marzo, en el ITESO, la cátedra estará desarrollando el Encuentro Internacional de Construcción con Tierra y Materiales, un espacio de periodicidad bianual. La primera Jornada Internacional de Escuelas dará inicio a este encuentro desde un día previo con el propósito de compartir fortalezas, debilidades e identificar puntos en común que permitan orientar cómo seguir haciendo comunidad en la construcción con tierra.  

El trabajo práctico y el diálogo con quienes iniciaron el camino que se consolidó en la Cátedra UNESCO Arquitectura de Tierra, Culturas Constructivas y Desarrollo Sostenible del ITESO será un eje transversal porque, en palabras de su coordinadora: “En temas de tierra va de encontrarnos, de compartir y de seguir haciendo”.