Diseño de portada: Alberto Medina
En el discurso del Día del ITESO, en noviembre de 1975, hace poco más de 50 años, Xavier Scheifler, entonces rector del ITESO, afirmaba: “no bajaremos la bandera del ITESO”. Al comenzar 2026, como profesoras y profesores del ITESO, nos proponemos seguir manteniendo esa bandera en alto que ciertamente es utópica, pues —como el propio Scheifler señalaba en el mismo discurso— la utopía cumple un “triple papel: mostrar la inadecuación entre el deber ser y el ser, expresar la inconformidad con lo que es y organizar la esperanza con el propósito firme de luchar por hacer realidad el sueño imposible del ITESO”1.
A la luz de lo anterior, quiero exponerles tres ideas relacionadas con la tarea de “diseñar nuevos mapas de esperanza”, como ha titulado el papa León XIV su carta apostólica sobre la educación.2
En primer término, hay que asumir que vivimos en un mundo profundamente injusto y excluyente, que exalta el triunfo individual y desdeña la solidaridad. Pero también es un mundo en el que es posible llevar adelante proyectos educativos capaces de leer los signos de los tiempos con la lucidez de quienes se animan a iluminar la noche por medio de la generación del conocimiento, la formación de personas dispuestas a ofrecer el mayor servicio y la vinculación con las organizaciones comprometidas con el bien más universal.
Esta primera idea nos impulsa, por tanto, a continuar con la tarea humilde, pero también poderosa, de hacernos cargo de la realidad para ampliarla, recrearla e idear alternativas viables. Pues, como recuerda Ignacio Ellacuría: “Una simple mirada a la globalidad nos muestra que partimos de una situación de ‘des-humanidad’” y que, por tanto, si de verdad somos una comunidad universitaria, nos responsabilizaremos de hacer que las cosas sean de otro modo, como lo expondré en el último punto3.
En segundo lugar, los invito a empeñarnos cada vez más en las tareas científicas y tecnológicas propias de nuestros programas educativos, de investigación y vinculación, con el objetivo de alcanzar la profundidad de lo que las cosas son en la realidad4. Tarea fatigosa y siempre inacabada, porque no se trata de buscar la verdad de las afirmaciones, sino la verdad de la realidad misma. En otras palabras, queremos dedicar nuestros esfuerzos a configurar o conformar nuestros trabajos según lo que muestra la realidad, y ofrecerlo a la consideración de los demás en un clima de diálogo permanente, coherente y consistente.
Si lo hacemos así, nos comprometeremos con la razón concebida históricamente; es decir, con las teorías, los métodos, las herramientas y las actividades que la ciencia utiliza en el momento actual. Siempre y cuando seamos conscientes de que estamos compelidos a mejorarlos para engendrar más verdad, más razón y, por tanto, abrir nuevas posibilidades a una humanidad tan necesitada de comprender su mundo, no para dominarlo, sino para cuidarlo como nuestra “casa común”.
Por último, se trata de ejercer una actividad universitaria impregnada de ética, para que lo ético no sea una palabra abstracta, sino una práctica cotidiana. Porque la educación no es valiosa solo por su eficiencia, sino por su capacidad de construir la dignidad, la justicia y el bien común5.
Esta manera de ser universitarios implica reconocer en los demás, mujeres y hombres, a personas que son un fin en sí mismas. Esto nos conduce necesariamente a adherirnos a lo que son las y los demás, no solo por lo que aportan a la sociedad, sino por ser quienes son: personas con derechos absolutos e inalienables, con las que estamos llamados a vivir en comunión fraterna6.
San Ignacio de Loyola se llamaba a sí mismo “el peregrino”. Concebía su vida como un camino inacabable. En parte así fue, pues caminó “solo y a pie”, desde Loyola hasta Roma entre 1522 y 1540, año en que la Compañía de Jesús fue aprobada como una orden religiosa. Quizá ese mote, aplicado a Ignacio, se ha encarnado también en el ITESO, que permanece —y ojalá permanezca— en un continuo peregrinaje para “diseñar nuevos mapas de esperanza”.
Notas al pie:
1 Xavier Scheifler, “No bajaremos la bandera del ITESO”, discurso del Día del ITESO, noviembre de 1975m, núm. 80, diciembre de 1975.
2 León XIV, Diseñar nuevos mapas de esperanza. Carta apostólica con ocasión del LX aniversario de la declaración conciliar Gravissimum educationis, 27 de octubre de 2025.
3 Cf. Adela Cortina, El quehacer ético, Santillana, Madrid, 2001, p. 88.
4 Cf. Diego Gracia, Voluntad de verdad. Para leer a Zubiri, Labor, Labor Universitaria, Barcelona, 1986, pp. 151-152.
5 Cf. León XIV, op. cit., núm. 4.2.
6 Cf. Octavio Paz, La otra voz. Poesía y fin de siglo, Seix Barral, Barcelona, 1990, p. 129.




