¿Estas feministas sí me representan? 

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En medio de estos tiempos de adversidad, el movimiento feminista en Guadalajara no solo resiste: se transforma.

En una ciudad donde el miedo vuelve a instalarse en las conversaciones y las calles parecen cambiar de ánimo en cuestión de horas, hablar de organización colectiva no es un lujo: es una necesidad. En Guadalajara, el feminismo ha sido una de las fuerzas sociales más visibles de la última década. Pero también ha sido un espacio de preguntas, tensiones y transformaciones.  

¿Quiénes están hablando? ¿A quiénes representan? ¿Cómo ha cambiado el movimiento en los últimos años? Estas preguntas atraviesan la investigación realizada por profesoras Carmen Díaz Alba y Susana Larios Murillo, junto con las ahora egresadas de Relaciones Internacionales Nataly Nuño Silva y Karen Cervantes Navarro. Juntas analizaron cómo se ha reconfigurado el feminismo en Guadalajara entre 2014 y 2024 en un artículo que no busca dar una respuesta definitiva, sino entender cómo el movimiento reexiste a través de cambios históricos, disputas internas y diálogos generacionales.  

Feminismos que cambian con el tiempo  

Cuando se habla de “olas del feminismo” se hace referencia a distintos momentos históricos del movimiento. No se trata de que una ola termine y otra empiece de cero, sino de cambios en las prioridades, las formas de organización y las maneras de expresarse.  

Actualmente, muchas teóricas hablan de una cuarta ola caracterizada por: 

  • El uso intensivo de redes sociales como herramienta de denuncia y organización. 
  • El protagonismo de mujeres jóvenes. 
  • Una mirada interseccional, es decir, que reconoce que las desigualdades no se viven igual según clase social, orientación sexual, identidad de género o contexto. 
  • Nuevas formas de protesta creativas, performáticas y mediáticas. 

Aunque para Nataly y Karen, el feminismo no es una etiqueta fija: “Definir qué es ser feminista es como decir quién soy. Depende del momento que estoy viviendo, de lo que me atraviesa. Nunca hay respuestas completas… sigo existiendo, sigo construyéndome con otras”, explica Nataly en entrevista.  

Esa idea atraviesa la forma en la que preguntaron y observaron durante la investigación, pues los feminismos evolucionan y encuentras nuevas formas de expresión.  

Investigar también es tomar postura  

El trabajo de las autoras no fue únicamente teórico. Se baso en una metodología etnográfica y colaborativa que incluyó entrevistas a profundidad, talleres de memoria, análisis de medios de comunicación y la construcción de una línea del tiempo de movilizaciones feministas en la ciudad.  

“No tengo dudas de que me cambió la vida”, comparte Karen y agrega: “Escuchar a otras generaciones, ver cómo han puesto el cuerpo en la lucha, nos dio esperanza”.  

Aquí aparece un concepto clave: las decisiones metodológicas son también decisiones políticas. Elegir escuchar a mujeres que ya habían atravesado lo que hoy duele permitió entender que trabajar desde metodologías horizontales y construir memoria colectiva no es neutral. Es una postura ético-política. En otras palabras, investigar el feminismo desde el feminismo implica reconocer que el conocimiento también se teje en comunidad. 

¿Quién transforma la realidad? 

Uno de los ejes del texto es la noción de sujeto político: quiénes son reconocidas como parte legítima del movimiento y capaces de transformar la realidad. “No podríamos decir quién sí es el sujeto político del feminismo en Guadalajara porque hay un montón. Es un órgano vivo, todo el tiempo se está reconstruyendo y tensionando”, subrayan las egresadas. 

En este caso, quienes nos reconocemos como feministas —en su diversidad— también nos constituimos como sujetas políticas cuando conocemos nuestra historia, marchamos, organizamos, denunciamos, acompañamos, documentamos, creamos memoria, legado y redes de apoyo.  

Sin embargo, la pregunta que atraviesa la investigación es potente: ¿todas se sienten representadas por las formas actuales del movimiento? 

Ahí emergen debates entre feminismo radical, posturas transincluyentes, colectivas que trabajan con familias de personas desaparecidas y grupos que priorizan agendas específicas. Sin embargo, no hay que ver las tensiones como fracturas irreparables, sino como parte de un movimiento vivo.  

Generaciones: ¿brecha o puente? 

Uno de los hallazgos más significativos de la investigación es la dimensión intergeneracional. Las autoras reconstruyen memorias de lucha que no comenzaron en 2020 ni con las redes sociales. Existen antecedentes locales, esfuerzos comunitarios y reivindicaciones que han tomado distintas formas de habitar el mundo en el que vivimos.  

La pregunta entonces no es solo qué ha cambiado, sino cómo dialogan las generaciones entre sí.  

Los feminismos en Guadalajara no son los mismos que hace seis años. La intensidad mediática puede haber cambiado y las estrategias también, pero la defensa por la vida y la exigencia de justicia siguen siendo necesarias.   

Entre el miedo y la organización 

En contextos de violencia e incertidumbre, la sensación de inseguridad la sentimos todos. Pues no nos limitan solo los espacios físicos que habitamos, sino también la manera en que nos movemos, hablamos y participamos.  En este escenario, el feminismo aparece también como una de cuidado. No únicamente como protesta, sino como acompañamiento, memoria y reapropiación del espacio público.  

La investigación invita a no normalizar el miedo: a nombrarlo y a entender cómo los medios de comunicación y las redes sociales amplifican ciertas narrativas, pero también cómo las comunidades generan sus propias formas de sostenerse.  

Incluso, hay preguntas que surgen desde la reflexión y no encuentran una respuesta fácil, tales como: ¿Cómo nos sostenemos en tiempos de adversidad? ¿Cómo defendemos la vida sin aislarnos? ¿Cómo construimos tranquilidad en medio de la incertidumbre? 

Más que representación: construcción colectiva 

“¿Estas feministas sí me representan?” no es una pregunta cerrada. Es una invitación a mirar el movimiento desde adentro y desde afuera. A reconocer que no es monolítico, que está atravesado por conflictos, pero también por creatividad, memoria y organización comunitaria.  

Más que ofrecer una conclusión definitiva, el texto de Díaz Alba, Larios Murillo, Nuño Silva y Cervantes Navarro abre un espacio para el diálogo: el feminismo en Guadalajara se está reconfigurando. Y esa reconfiguración implica escuchar, cuestionar y tejer entre diferencias. 

Porque los movimientos sociales no son estáticos. Se transforman con quienes los habitan y quizá la pregunta no sea solo si nos representan, sino cómo queremos participar en su construcción. 

Sobre la investigación

Lee el artículo completo: ¿Estas feministas sí me representan? Expresión, Diversidad y Conflicto en la reconfiiguración del movimiento feminista en Guadalajara