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Diseño de portada: Rogelio Delgado
Texto por Laura Arellano, investigadora del Departamento de Psicología, Educación y Salud y Paulina Leonardo, estudiante de la Licenciatura en Nutrición
¿Has notado los sellos negros en los empaques de galletas, cereales o bebidas? Desde 2020, México cuenta con un etiquetado frontal de advertencia que permite identificar los productos con exceso de azúcares, grasas saturadas, grasas trans, sodio o calorías, tal como se muestra en la Figura 1 a continuación. Además, incorporara leyendas cuando los productos contienen edulcorantes o cafeína, e incluye una tabla nutrimental estandarizada a 100 g o 100 ml, lo que facilita comparar entre marcas.

Una de las medidas que también se relaciona con este etiquetado es que los productos con sellos ya no pueden utilizar personajes animados, celebridades ni declaraciones como “rico en calcio” o “fuente de energía”. Estas restricciones buscan reducir la exposición a niñas, niños y adolescentes de mensajes publicitarios engañosos o que puedan inducir al consumo de productos poco saludables. En las Figuras 2 y 3 se muestran algunos ejemplos.
Antes:

Después:

¿Por qué se implementó el etiquetado?
Desde hace más de tres décadas, México ha enfrentado una epidemia de obesidad, diabetes e hipertensión. Estas enfermedades, además se catalogarse entre las principales causas de muerte y discapacidad, están estrechamente relacionadas con una alimentación basada en productos ultraprocesados, ricos en energía, azúcares, grasas y sodio, según un estudio publicado en BioMed Central.
El avance de estos productos ha provocado el desplazamiento de los alimentos locales y tradicionales, como el maíz, los frijoles, las legumbres, las frutas y las verduras, que durante siglos fueron la base de nuestra cultura alimentaria. Este cambio no solo afecta la salud, sino también la soberanía alimentaria y la economía de comunidades rurales.
De acuerdo con una investigación publicada en la plataforma ScienceDirect, las enfermedades crónicas y el consumo de ultraprocesados se concentran más en poblaciones de menores ingresos o con menor acceso a alimentos frescos, lo que refuerza las desigualdades sociales y territoriales.
Conflicto de interés y resistencia de la industria
La transición hacia este nuevo sistema no fue sencilla, diversos sectores industriales se opusieron desde la propuesta de modificación de la norma, bajo el argumento de posibles pérdidas económicas, “confusión del consumidor” o daños a la libertad de comercio.
Sin embargo, la evidencia internacional demostró que los sistemas previos como las Guías Diarias de Alimentación (GDA) habían sido promovidos y avalados por las propias empresas que venden estos productos y resultaban poco comprensibles para la mayoría de la población. En México, incluso antes de aprobarse el nuevo etiquetado, hubo campañas de desinformación y múltiples amparos judiciales promovidos por cámaras industriales para retrasar su entrada en vigor (OPS, 2020).
A pesar de ello, el etiquetado fue respaldado por organismos internacionales como la Organización Panamericana de la Salud (OPS), la Organización Mundial de la Salud (OMS), la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO) y el Fondo de las Naciones Unidas para la Infancia (UNICEF), que lo reconocen como una medida efectiva para reducir la exposición a alimentos no saludables y mejorar el derecho a la información.
¿Qué aprendimos de otros países?
Chile, Perú y Uruguay fueron pioneros en América Latina en implementar etiquetas frontales de advertencia. Los resultados fueron claros: las empresas reformularon miles de productos para evitar los sellos y redujeron significativamente los niveles de azúcar y sodio en alimentos procesados. México tomó en cuenta esas experiencias y adaptó su propio modelo basado en el perfil de nutrientes de la OPS, que establece límites máximos recomendados de azúcar, grasas y sodio en alimentos y bebidas.
¿Todos los productos preenvasados son ultraprocesados?
No. Un producto preenvasado es cualquier alimento o bebida que se empaca antes de llegar al consumidor y cuyo contenido no puede modificarse sin abrirlo. Esta definición incluye desde productos básicos como frijoles, avena o arroz empacado, hasta alimentos ultraprocesados como galletas, bebidas azucaradas o botanas.
La NOM-051 regula a todos los preenvasados, sin clasificar su nivel de procesamiento. En la práctica, la mayoría de los sellos aparecen en ultraprocesados, ya que exceden con mayor frecuencia los límites establecidos de azúcar, grasa o sodio.
Algunos productos como azúcar, sal, café, aceites o agua embotellada están exentos, a menos que incluyan declaraciones nutricionales. Y si el empaque es demasiado pequeño, se utiliza un sello numérico que indica cuántos de los cinco nutrimentos críticos excede el producto, tal como se ilustra en la Figura 4.

¿Funciona el etiquetado?
La evidencia científica demuestra que el nuevo etiquetado mejora la comprensión y las decisiones de compra y, al mismo tiempo impulsan cambios en la formulación de los productos:
•Comprensión y decisión de compra
En niñas, niños y adolescentes mexicanos, las etiquetas de advertencia aumentan la comprensión y reducen la intención de compra de productos no saludables, en comparación con el antiguo sistema GDA.
•Preferencia y comprensión en adultos
Las etiquetas con advertencias son más claras y preferidas que otros sistemas, como el semáforo nutricional o las GDA.
•Reducción en compras auto-reportadas
Adultos mexicanos reportaron reducciones en la compra de bebidas y alimentos con sellos.
•Reformulación de productos
Desde 2020, la industria alimentaria mexicana ha realizado ajustes en las fórmulas de sus productos para reducir el número de sellos: se han disminuido los contenidos de azúcar, sodio, grasas saturadas y edulcorantes artificiales, especialmente en bebidas, cereales y botanas. Estudios recientes muestran que estos cambios mejoraron el perfil nutricional promedio de los productos disponibles en el mercado.
•Impacto potencial a largo plazo
Modelos predictivos estiman que el etiquetado podría reducir en promedio 36 kcal diarias por persona y disminuir la prevalencia de obesidad en 14.7 % en cinco años, generando importantes ahorros en gasto público en salud.
¿Qué sigue?
El etiquetado se implementa en tres fases. Actualmente sigue vigente la fase 2, que contabiliza los nutrientes añadidos durante el procesamiento industrial.
Los acuerdos del Diario Oficial de la Federación (9 de mayo y 31 de julio de 2025) establecen que la fase 3, aún pendiente, incluirá el contenido total (añadido y natural) de los nutrimentos críticos contenidos en el producto. Esto significa que algunos productos que hoy no presentan sellos podrían tenerlos en el futuro.
El etiquetado frontal no prohíbe ni censura alimentos; garantiza el derecho a la información para elegir de manera consciente. También es una herramienta de equidad: brinda a toda persona, sin importar su nivel educativo o ingreso, una advertencia clara sobre los riesgos del consumo excesivo de ciertos productos.
Además, marca un punto de inflexión en la cultura alimentaria mexicana. Nos recuerda la importancia de revalorar los alimentos frescos, locales y tradicionales, y de cuestionar los intereses comerciales que influyen en lo que comemos. En un país donde las enfermedades crónicas afectan más a quienes menos recursos tienen, estos octágonos negros son, al mismo tiempo, una política de salud, de justicia social y de defensa cultural.




