¿Qué pasa en el cerebro cuando te rompen el corazón?

Avatar de Daniela Villalobos

Decimos que el corazón se rompe, pero nadie siente que algo literalmente se parta en dos dentro del pecho. Por otro lado, desde la ciencia sabemos que es el cerebro el órgano que entra en crisis.

Getting your Trinity Audio player ready…

Durante siglos creímos que el corazón mandaba sobre las emociones. Aristóteles estaba convencido de que ahí residían los pensamientos, las emociones y las decisiones importantes. Tal vez por eso, cuando una relación termina, todavía decimos que nos rompieron el corazón. No porque literalmente algo se rompa, sino porque el cuerpo entra en una especie de desorden difícil de explicar con otras palabras.  

La química del desamor 

Cuando estamos vinculados románticamente con alguien, su presencia se convierte en una fuente constante de calma, satisfacción y estabilidad. Nuestro cerebro se acostumbra —literalmente se condiciona — a experimentar estímulos fisiológicos relacionados con el placer, el estrés y la regulación emocional, cuando esa persona especial está cerca. 

Desde la neuropsicología, una ruptura no es solo una experiencia emocional: es un evento que obliga al cerebro a reorganizarse. Cuando la relación termina, el cerebro entra en un estado de hiperalerta muy parecido a la ansiedad. Esto sucede porque lo que antes te regulaba ya no está. Sería como imaginar un cable que lleva mucho tiempo enchufado, lo desconectas de repente y el aparato hace un cortocircuito.  

Durante una relación, neurotransmisores como la dopamina, la serotonina y la oxitocina participan en la sensación de bienestar, apego y recompensa. Al terminar, esa química cambia de un momento a otro. 

Según se explica en la Gaceta UNAM, el cerebro interpreta la ruptura como una pérdida real y activa regiones asociadas al dolor físico. Por eso no es exageración cuando alguien dice que le duele terminar una relación, ya que el dolor emocional y el físico comparten circuitos neuronales. 

Recordar duele 

En entrevista con Guillermo Vega, profesor de neuropsicología de la carrera en Psicología, comenta que estudios recientes muestran que, tras una ruptura, el hipocampo —una pequeña parte del cerebro encargada de la memoria y el aprendizaje, parecida a un caballito de mar y ubicada aproximadamente a la altura de las orejas— se vuelve especialmente sensible a recuerdos cargados de emoción. Por eso pueden venir a tu mente recuerdos como “cuando fuimos a…” o “cuando me dijo tal…”.  

Al mismo tiempo, se activa la corteza cingulada anterior, una franja situada hacia el centro del cerebro, justo detrás de la frente, que funciona como un puente entre lo que sentimos y cómo interpretamos ese dolor. El cerebro intenta lidiar con la pérdida igual que lo haría con una herida física: detectando, procesando y tratando de sobrevivir al malestar.  

El cuerpo también participa en los cambios físicos. El corazón acelerado, un nudo en el estómago, sentir el pecho apretado, tener falta de energía o pasar por alteraciones digestivas son las señales a las que nos referimos cuando decimos que el cuerpo entra en modo alerta. Algunas personas describen el proceso como estar al borde de un ataque de pánico o como intentar vivir la vida con una fiebre altísima: todo pesa más, todo cuesta.   

Entonces, ¿por qué le escribimos al ex? 

Aquí entra el circuito de recompensa. En estudios de neuroimagen, personas que habían terminado una relación amorosa recientemente mostraron una fuerte activación de este circuito al ver fotos de su expareja. El cerebro recuerda que esa persona estuvo ligada al placer, la calma y la satisfacción y, en algunos casos, romper el contacto cero en la comunicación parece la única forma rápida de calmar la ansiedad. De ahí viene la frase: “Uno siempre vuelve a donde fue feliz”.  

Spoiler: no es drama, es neurobiología 

Hay algo más silencioso que ocurre después de una ruptura: la vulnerabilidad. Cuando alguien se convierte en nuestro punto de referencia emocional su ausencia puede vivirse como incertidumbre. El miedo aparece casi de inmediato. Miedo a estar solos, al rechazo, a no volver a sentir esa conexión o que el futuro sea más incierto de lo que imaginábamos. Junto a ello surge la necesidad casi urgente de entenderlo todo: ¿Qué pasó? ¿Por qué? ¿En qué fallé? ¿De quién fue la culpa? 

En su Ted Talk, Guy Winch, miembro de la Asociación Americana de Psicología y autor de bestsellers sobre la ciencia de la salud emocional, explica que buscamos respuestas para luchar contra el instinto de idealización y brinda herramientas para sobrellevar la ruptura.   

Al preguntarnos esto, sentimos nostalgia porque el cerebro, mientras trata de readaptarse, busca una explicación que no siempre existe, pero que al “entender la situación” parece darnos una ilusión de control. Esta sensación de que te estás muriendo es parte del proceso, creer que “no puedo vivir sin esta persona” es una reacción humana normal ante la pérdida de un vínculo significativo.  

¿Cuándo es momento de pedir ayuda?  

Sentirse triste, ansioso o vulnerable después de una ruptura es parte del proceso, pero puede ser momento de buscar acompañamiento profesional cuando:  

  • El malestar físico y emocional no disminuye con el tiempo 
  • La sensación de vacío, miedo, ansiedad se intensifica  
  • Si tu bienestar parece depender únicamente de recuperar a esa persona 
  • Cuando el consumo de sustancias se vuelve más frecuente 

Sanar un corazón roto no sigue una receta universal. No existe el manual perfecto de contacto cero, bloquear o seguir como amigos. Lo que sí existe es un proceso, y empieza por sentir. 

Este proceso no tienes que vivirlo solo. Hablar con amigos que te escuchen sin juzgar, acercarte a tu familia, o buscar acompañamiento profesional puede ayudarte a acomodar lo que hoy se siente caótico.  

Recuerda: aunque hoy tu cerebro está intentando adaptarse a una pérdida, también tiene la capacidad de crear nuevas formas de equilibrio.